martes, 28 de agosto de 2007
Te Regalo
lunes, 20 de agosto de 2007
“Sé que no hablo. Sé que poco a poco mi voz se va perdiendo entre los límites del olvido. Pero que puedo hacer, si soy esclava de mis propias palabras y libre en mis silencios. Por eso dime, ¿Cómo hago para que mi voz no me traicione y diga algo que no deba decir? ¿Cómo hago para explicarte que no hablo por miedo a que mi voz me fallé en cualquier momento y te diga algo que no creo o que no debes conocer? Por esa razón callo. Callo cuando hablas, cuando me miras, cuando ríes, cuando lloras, cuando duermes. Y también callo cuando suspiras. Callo porque no se que decirte, callo porque no encuentro las palabras que logren transmitirte lo que siento, callo porque no quiero perderme ninguna de tus expresiones, callo porque deseo llevar el peso de tus penas, tus problemas y tus culpas sobre mis hombros. Callo porque te quiero esculpir por completo en mi memoria, callo porque quiero robarme tu dolor y tus penurias. Callo porque lloró con tus lágrimas y vivo entre tus sonrisas. Callo porque memorizó cada una de tus frases y el sonido de tu voz. Callo porque si hablo no soy capaz de sentir, no soy capaz de amar como debería hacerlo y eso es algo que no me puedo permitir, porque es un sacrilegio el no amarte como lo hago, porque es pecado el no valorarte y sobretodo, me es imposible el no callar cuando estas a mi lado por la cantidad de sensaciones que me llenan y que me ahogan cuando te tengo cerca. Por eso callo, por eso te observó y por eso, te amo…”
Redescubriendome
“Llovía. O si, llovía y mucho. Gotas de agua golpeaban sonoramente al caer al suelo. El cielo estaba nublado, y a pesar de ser de la cantidad de agua que caía, algunos traviesos rayos de sol se escabullían entre las nubes, llegando a la tierra y al mar. Acariciándolos con suavidad, en una promesa implícita de volver a estar juntos, volver a entremezclarse, volver a ser semejantes y a la vez, contraparte. De dejar de ser cielo y mar, para ser uno solo. Las gotas golpeaban el mar, salpicando y rebotando al chocar. En la playa, las gotas de agua se perdían en la arena clara, para fundirse que la salina del mar. De un momento, el sonido de las gotas era acompañado por el retumbar de los tambores. Aquellos mismos tambores que acompañaron a los negros en su esclavitud, aquellos que mostraban su esencia, su alma, su ser. Porque transmitían más de lo que se puede imaginar, porque explicaban más de lo que éramos capaces de entender y porque nos mostraban más de lo que deseáramos ver. El retumbar de los tambores, llamaban a sus hermanas, a las gaitas, para que los acompañaran en tal ocasión. Poco a poco el llamado fue escuchado y hubo respuesta. Las gaitas comenzaron a sonar siguiendo el compás marcado por la lluvia y los tambores. Música ancestral, música nacida del instinto y de lo más profundo del ser. Podía escuchar perfectamente esa sinfonía tan primitiva y tan emotiva, que era capaz de despertar tantas cosas en mí. Me olvide de mis prejuicios y de mis miedos. Me olvidé de mis pesares y de mis problemas, me olvidé de mis heridas y de mis amores perdidos, olvidé el dolor y solo pude concentrarme en el sonido de la música y de sentir como mi corazón lo seguía. Una fiesta de tambores, eso era. Una fiesta de tambores, gaitas y voces bajo la lluvia torrencial. Bajo los escasos rayos de sol que se filtraban y fusionándose con la naturaleza y con el ser. Fusionándose conmigo y con todo aquel que escuchara la canción, para llenarlo de fe. Y llenándome a mí también de fe. Cerré mis ojos y me deje llevar, olvidé el color de mi piel, olvidé el color de mis ojos y de mis cabellos, y solo me concentré en sentir y en vivir. Mi cuerpo fue un instrumento, un instrumento para trasmitir lo que mi alma pedía a gritos y me había negado a escuchar con anterioridad. Olvidé todo lo que me ataba y me permití ser yo misma, me permití creer en mí y olvidar los pesares y las dudas. Me fusioné con la naturaleza, y me hice uno con el todo, y a la vez con la nada. Porque no pertenecía a ese lugar, pero por primera vez en mi vida sentí que ese era el lugar que debía encontrarme. En esa hermosa playa, a orillas del mar y con la lluvia mojándome por completo, mientras mi cuerpo seguía la pauta impuesta por la naturaleza y que era seguida por los tambores y las gaitas, reconociendo mis raíces. Reconociéndome a mi misma. Se que extrañaré esto, y que extrañaré todas estas sensaciones. Extrañaré el verme reflejada por un simple compás, el reconocerme entre las olas y el viento. El redescubrirme entre la lluvia y la arena y la tranquilidad que respiro en medio de mi soledad. Se que lo extrañaré, pero también soy conciente de que jamás podré olvidarme de ello, ya que hace parte de mi. Jamás podré separarme de nuevo de lo que hoy descubrí, y eso me hace sonreír.”
Quiero Irme a Dormir
Otro Día Mas
“Otro día más. Otra mascara ante el mundo. Otro día que pasa y otra memoria que se archiva entre mis recuerdos perdidos entre el papel y la tinta. Otro suspiro ahogado al verte en la penumbra y otra exhalación sonora al sentirte más cerca de lo debido. Como mantenerte entre mis dulces recuerdos si te niegas a ser uno de ellos. Como guardarte en algún lugar profundo de mi mente, si tú te niegas a alejarte de mí. Como perderte de vista, si tu rostro esta sobre el mío y recortando la escasa distancia entre nosotros. Como mantener la cordura después de un encuentro contigo. Como recuperar el tranquilo latir de mi corazón, si aun sigue latiendo desbocado, horas después de haberte visto. Y como dejar de pensarte si aun siento tus labios sobre los míos y el sabor de tu boca.”