viernes, 14 de diciembre de 2007

“Te has llevado todo de mí y aún así tienes el descaro de espetarme en la cara que no te amo. ¿Cómo puedes pensar eso? Como es posible que tus estúpidas dudas y celos infundados te nublen tanto como para no ver lo evidente. He dado todo por ti, he dado mis ilusiones, mis sueños, mis esperanzas, hasta mi libertad por ti, y ¿así es como lo ves? Como un simple compromiso. Como un trámite o una costumbre. ¿Acaso puedes ser más cruel? Arrancaste de un solo golpe todas mis ilusiones y mis deseos. Te llevaste mi esencia y mi virtud. Te llevaste mis plegarias, mis lágrimas y mis palabras, dejándome solamente con el amargo y salado sabor de la verdad a media y de mis lágrimas. ¿Quieres saber cual es mi verdad? ¿Quieres saber cual es mi realidad? Nada. Ya no es nada. Hasta hace un instante eras tú, siempre fuiste tú y mira como acabaron las cosas. Eres un inconsciente y un imbécil. Pero ahora no eres nada. Ya no eres nada. No eres mi todo, simplemente eres un recuerdo. Un doloroso recuerdo que pienso sepultar en el olvido. Un recuerdo perdido en las arenas del tiempo y del perdón. Porque si, te perdono. Te perdono porque es la promesa que me hago a mi misma de seguir adelante. De seguir luchando por mi vida, por mis sueños y por mis anhelos. Sueños en los que ya no eres participe. Sueños bañados de miel y café. Sueños con olor a lluvia y a mar. Esos sueños. Espero que sigas adelante y logres superar tus miedos. Yo en realidad quise ayudarte a hacerlo. Ayudarte a crecer. Quise espantar todo aquello que te aterra y susurrarte al oído palabras de aliento cuando lo necesitaras. Pero ya no más. Ya más nunca lo haré. Ahora solo me queda decirte, Adiós.”

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