“Estoy aquí, viendo otra vez como las hojas caen. Viendo otra vez, como el sol se funde nuevamente con el horizonte y se hacen uno. Me senté en el mismo lugar, bajo el mismo árbol de aquella vez. Y sin poder evitarlo, sonreí. Sonreí como ese día, bajo este mismo árbol y volví a mirar a lo alto, para tratar de que los últimos rayos de sol toquen mi piel. No se porque decidí venir a visitarte otra vez. No se porque pensé que era lo que debía hacer en este momento, pero como ya me dije en su momento, siento que hago lo correcto. No sabes lo mucho que extrañe ver esta misma puesta de sol, y como la brisa fresca te acaricia el rostro, mientras te dejas llevar por la calidez del sol y por el hermoso espectáculo que es el ver morir el día y el nacer de las estrellas. Tal vez tú no lo recuerdas allá donde estas, pero yo puedo ver claramente en mi memoria el día que te besé bajo este mismo árbol. El día en que te juré con el alma, el amarte eternamente. El estar entre tus brazos, compartiendo mas que el tiempo, compartiendo nuestra vida y hasta compartiendo el mismo latido de corazón. Todavía lo recuerdo, todas aquellas promesas escritas con fuego en nuestras almas y concebidas bajo este cielo anaranjado. Quise regresar otra vez desde que te fuiste, quise poder volver a ver todo aquello que vimos juntos, una vez más. Pero me era casi imposible. Demasiado dolor para este cansado corazón, que se quebró cuando te fuiste para jamás regresar. Se que debes estar enojado conmigo por haber demorado tanto en venir, pero como hago, si las heridas tardaron tanto en curar. Se perfectamente que no querías que volviera a este lugar con una expresión triste en el rostro, y no quise manchar tu deseo con mis lagrimas, por lo que huí. Huí por largo tiempo. Huí de mí, de ti y de los recuerdos. Pero por fin pude regresar a este lugar, después de tantos años, y aun sigue siendo el mismo. Donde te bese por primera vez, donde me prometiste bajar las estrellas para que residieran en nuestro hogar, donde creamos sueños juntos. Pero también fue aquí donde te bese por última vez, antes de dejarte ir. Antes de que siguieras un camino sin retorno, un camino donde no te pude acompañar. Se que entiendes que tu muerte me lastimaba, porque es verdad, y aun lo hace. Pero he aprendido a vivir nuevamente, a recordar sin que me duela. Y por eso he vuelto a aquí, he vuelto junto a ti, para poder decirte hasta luego, mientras espero el momento para volverte a ver.”
jueves, 4 de octubre de 2007
“Pueda ser que el tiempo se haya escurrido de mis manos. Pueda ser que el mundo gire con tal velocidad que no soy capaz de seguir su ritmo, y me quedo atrás. Pero por más que quiera, no puedo. Simplemente no va conmigo, y para que negar, que me siento bien así. Puede que eso te incomode y hasta te fastidie. Puede que no me entiendas y creas que no me importa seguir el ritmo acelerado de los latidos del corazón de este mundo y de esta realidad, que a mi me sabe más soñados que tangibles, porque mis sueños son tan reales y esta verdad tan soñada. Te puedo dar las estrellas que brillan cada vez que cierro los ojos, o el mar que esta en mis pupilas. Te puedo bajar la calidez del sol con un beso y entregarte mi paz y mi tranquilidad, que es todo lo que poseo. Te puedo entregar la sombra de mi cuerpo y la luz que cae en mi, que me acompaña eternamente, para que lo haga contigo y aun así se que no es suficiente para ti. Porque no puedo seguirte el paso a ti, y a este mundo acelerado. Porque no puedo y no quiero dejar de detenerme a contemplar la belleza detrás de una sonrisa sincera y el misterio que se descubre en tu mirada. Porque no puedo dejar de pensar y de sentir poco a poco y muy lentamente. Porque no puedo dejarme llevar. Por eso dejo escurrir el tiempo, por eso dejo pasar las horas en silencio. Porque te contemplo y me lleno de ti. Porque te vivo a mi manera particular y porque te veo vivir. Porque te quiero y te cuido a mi manera, aunque tal vez, no sea como tu quieras.”
Adios, corazòn
“No se que me paso todo este tiempo. No se que sucedió conmigo desde que te fuiste hasta el día de hoy, pero poco me importa. Corazón, es cierto que te fuiste lejos de aquí. Que olvidaste este lugar y a mi al igual que aquello. Que te alejaste de mi y te buscaste un nuevo camino, pero que importa, si yo también me busque el mío propio. No importa realmente lo que sucedió o como, solo que paso y ya. Solo importa saber que hoy me levante otra vez, que hoy amaneció otra vez el sol. Hoy se quebraron los viejos moldes y lloré la última lágrima de sangre por ti. Porque ya no mas tristeza, no mas oscuridad. Solo me queda tu recuerdo corazón, ese que eternamente perdurara en mi memoria y que retendré por siempre, porque a ti ya te deje ir.”
Dejame amarte
“Déjame amarte en silencio. Déjame amarte en la distancia. Déjame amarte en la soledad. Déjame amarte en el día y en la noche. Déjame amarte entre susurros olvidados y suspiros perdidos en el viento. Déjame amarte entre las lágrimas del alma y las sonrisas del corazón. Déjame amarte entre besos robados y regalados, entre risas alegres y llantos desesperados. Déjame amarte sin medir el tiempo o la intensidad con la que lo hago, solo déjame amarte como soy capaz de hacerlo, e intentar amarte un poco más cada día. Tan solo déjame amarte hasta que ya no pueda hacerlo, déjame intentar amarte hasta la eternidad. Eso es lo único que te pido, lo único que necesito. Por favor déjame amarte, olvidando quien soy. Olvidando mis temores y los prejuicios que nos separan. Permíteme amarte como solo yo puedo hacerlo. Permíteme amarte ahora y siempre. Permíteme compartir contigo este día. Este que es tu día. Permíteme amarte hoy, en tu cumpleaños, prometiéndote el amarte hasta que llegue mi muerte.”
Como te recuerdo
“Tengo los ojos cerrados, paro aun así te veo perfectamente. Tu piel tan blanca y tan pura, la cual es fría al contacto pero que es capaz de transmitirme tanta calidez cuando lo necesito. Veo tus brazos, siempre abiertos para mí, siempre fuertes y capaces de acunarme en ellos, cuando me siento desfallecer. Tus piernas, tan resistentes que son capaces de acompañarme por mi paso por el mundo y para correr a mi lado tras cada uno de los sueños que hemos construido juntos. Recuerdo perfectamente tus ojos, que siempre me comprenden en silencio, me consuelan, me trasmiten esa confianza que es tan valiosa en ciertos momentos y me siguen por donde quiera que vaya. Recuerdo tu boca. Esa boca que es tan sensual y tan jugosa. Esa boca, de cuyos labios salen las palabras justas para trasmitirme tanto y que me hacen suspirar embobada, aquella cuya sonrisa derriba mis barreras y me hace sonreír de vuelta completamente sumida en mis pensamientos y te encanta hacerlo para ver como me descontrolas con algo tan mínimo y aquellos labios que saben a té y a hierbabuena, los cuales me hacen delirar en cada beso. Puedo ver en mis memorias tu espalda ancha, la cual es capaz de cargar a cuestas tus sueños e ilusiones. Rememoro tu pecho, en el cual me pierdo cada vez que te abrazo, y que me dice tanto, al poder sentir el desbocado latir de tu corazón. Veo tus oídos, que están prestos para escucharme cada vez que te hablo. Veo tus mejillas, siempre suaves y sonrojadas por el frío. Veo tu mentón, tan varonil como tu y que siempre encuentra apoyo entre mi hombro y mi cuello. Recuerdo tu cabello, tan negro como la noche y tan suave que me invita a jugar con él cada vez que puedo. Pero no solo veo tu físico, también puedo ver tu alma. Veo aquella persona que es mi brújula, mi camino y mi compañero. Eres mis sueños y mis deseos. Eres mi vida y mi aire. Eres, al final de tantas cosas, mi todo y mi nada.”
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