“Escúchame, entiéndeme, compréndeme. O al menos has el intento. No ves todas las marcas dejadas por las lágrimas que están en mi rostro. No logras notar lo hinchados que están mis ojos y mis labios, los cuales están cansados de mí y de ti. Como eres capaz de ver el dolor en mis pupilas o de percibir la angustia en mi voz e ignorarlo. ¿Como puedes ser tan cruel y pasar de largo cuando me ves? No entiendo, y no quiero entender. Intentó salir adelante, pero tú siempre te llevas mis esfuerzos. Trato de continuar, pero el recuerdo de tu voz me sigue a todas partes. Por favor, perdóname por ser débil. Perdóname por amarte como lo hago, perdóname por no poder superarte y dejarte marchar como tú quieres. Pero es que me es casi imposible, cuando tus recuerdos tiñen los segundos que vivo y todos los lugares que visito. Me siento tan insignificante, me siento tan perdida. ¿Qué soy yo para ti? Dime, que soy. ¿Soy un recuerdo del pasado? ¿Un error cometido o un simple desliz en tu vida? Por favor dime, dime quien y que soy. Dime que soy para ti. Para ver si con eso, termino de caer en el profundo pozo donde me dejaste. En la eterna oscuridad que me acompaña y me cuida. Por favor, explícame que soy. Es que no me extrañas o es que nunca me notaste. ¿Valió la pena todos los sacrificios que hice por ti? ¿Valió la pena dejar de lado todo, para seguir una ilusión? No. No valió nada. Todo fue un desperdicio, al igual que lo son cada una de mis lágrimas. Ya solo me queda ver el tiempo pasar y esperar a que esta herida cicatrice. Ahora solo me queda alejarme de ti e intentar olvidarte. Solo me queda perderme entre el tiempo y no volver jamás. Ahora solo me queda, perdonarme. Porque a ti, ya te he perdonado.”
lunes, 20 de agosto de 2007
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