martes, 13 de marzo de 2007

“Frente a mis ojos, la eternidad, perfecta y majestuosa, se exalta. Se que no tiene sentido todo lo que digo, o mas bien, como lo digo, pero eso no me importa. Mis ojos están fijos en este precioso atardecer que me regaló la vida. Uno más para la cuenta, uno más para mis más profundos sueños. Sonrió tranquilamente mientras veo, como el sol se pone detrás del mar. El agua moja mis pies y una sensación de paz llena mi alma. Llevó años haciendo lo mismo. Todos los días me siento en el mismo lugar, frente al mar. Se que no es fácil de comprender, pero al menos hago el intento de explicar. La noche cubre casi por completo todo con su oscuro manto, mientras que la luna brilla hermosa y clara. Una sonrisa melancólica se posa en mi rostro. Todo vuelve a ser como aquel día. El mar, siempre impredecible, esta subiendo. El agua moja el borde de mi falda, pero no me importa. Tan solo quiero durar un poco más en este lugar, antes de tener que regresar a mi triste realidad. Siento que alguien se acerca a mí. No tengo necesidad de girarme para saber de quien se trata. Unas pequeñas manitas me abrazan y me trasmiten su calidez. Escuchó un suave “Mami, vamos a casa” e inmediatamente me colocó de pie. Una sonrisa llena de felicidad se encuentra en mis labios, mientras tomo en mis brazos a este pequeño rayo de sol que bajo de la eternidad para hacerme compañía. Compañía mientras espero tu regreso.”

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