miércoles, 14 de marzo de 2007

“Besé tus labios con suavidad, temiendo despertarte de ese calido sueño. Pero lo hiciste. Me quedé petrificada, mientras tú sonreías, sonreías orgulloso por mi reacción. En ese momento pensé que eras un vanidoso, pero eso no aplaco el calor que sentía en mi rostro. Me volviste a besar, embriagándome con el sabor de tus labios, y haciendo que toda la timidez y el pudor que existe en mí, fuera encarcelado en lo más profundo de mí ser. No sé en que momento pasó, pero sentí que mi cuerpo no podría mantenerse sereno, cuando comenzaste a recorrer mis labios, trazando líneas invisibles y palpitantes con tu lengua. Luego, en silencio me pediste permiso para tomar más de mi boca, para tomar más de mí. Te permití conocer cada uno de los secretos de mi boca, para luego sufrir, con anhelante exquisitez, mientras mordías levemente mi labio inferior, haciéndome estremecer, antes de separarnos. Quise retomar el aire que se había escapado de mis pulmones, pero en ese momento sentí que ni todo el aire del planeta era suficiente. Pero parece que para ti si lo era, porque nuevamente me volviste a besar antes que yo pudiese reaccionar.”

No hay comentarios: