viernes, 14 de diciembre de 2007

UN POEMA CON LETRAS DESHECHAS...

Estoy acostada en mi habitación
Mirando todo lo que hay a mi alrededor
Soñando con un beso tuyo que sea alentador,
E intentando no dejarme llevar por la desolación.

Sabes muy bien que te quiero
Pero aun así, tu nombre escuchar no puedo
Ya que tan solo soy una sombra mas en el suelo
Que es ignorada por el mundo entero.

Como no adorar a esos ojos pardos,
Si son ellos los que tanto amo
Como no querer a esa piel morena
Y a aquellos labios que aun me mantienen prisionera

No soy capaz de pronunciar su nombre
Y mucho menos estar frente a ese hombre,
Pero como luchar con ese deseo
Si él es lo que mas anhelo.

¿Y porque debo amarlo tanto?
Si no me corresponde el muy ingrato
¿Será que no me conviene estar a su lado?

De mis labios no saldrá palabra
Por lo cual deseo desnudar mi alma
Y poder gritar a los cuatro vientos lo que mi voz calla,
Y eso eres tú, lo que a mi corazón lentamente mata.
-No entiendo como no me di cuenta antes.- dijo con quebrada, en un sutil susurro que no pasó desapercibido por él, quien sonrió con amargura.

-Porque eres tan inocente que no podías concebir eso en tu pensamiento.- respondió él sin mirarla a ella, pero estando atento a sus movimientos, a sus reacciones. –Y eso es parte de lo que ayudó a que me enamorará de ti.- concluyó él con un tono de voz tan diferente al que siempre le había escuchado. Un tono de voz carente de sentimientos y cargado de ironía.

-Pero…- comenzó a balbucear, mientras sentía en su corazón una opresión. -¿Por qué?- logró preguntar después de respirar profundamente varias veces, tratando de reunir valor.

-¿En verdad quieres que te responda eso?- preguntó con una pequeña sonrisa, mientras le dedicaba una fugaz mirada a su rostro, antes de volver a posar sus ojos en la distancia. Ella se sonrojó, y aunque quería una respuesta para toda aquella locura, no se atrevía a pedírsela otra vez. Él suspiró con aprehensión, mientras se acomodaba un poco en el lugar donde estaba sentado. La grama estaba algo húmeda por el rocío de la madrugada, y lograba incomodarlo un poco por la picazón que le producía, pero nada que fuera lo suficientemente molesto como para obligarlo a levantarse.

-Por donde puedo comenzar.- se dijo a si mismo en voz alta, mientras muchos recuerdos regresaban a su memoria. Los distintos momentos que pasó a su lado. Las sonrisas que le regaló y que iluminaban su mundo. La calidez de su sonrisa, que poco a poco se apoderaba de todo su mundo. Y no pudo evitar sonreír. Sonrió sintiendo pesar por si mismo y su patética existencia. Por haberse enamorado de la persona correcta y a la vez equivocada. Porque ella era perfecta, pero lastimosamente no era para él. Él no merecía la luz que ella despedía a su alrededor. No merecía probar la dulce miel de sus labios. Y lo peor, es que ya no sabía como vivir sin ella. Porque se había convertido en una constante. Se había convertido en la única constante en su vida.

Una lágrima rodó por la mejilla derecha de ella, y él, con ternura, la apartó. Tomando aire nuevamente, comenzó con su explicación. –No se si recuerdas esa vez en que me encontraste perdido en uno de los pasillos del edificio. Era tarde y alguien podría encontrarme allí y darme un buen regaño.- comenzó a narrar con la mirada perdida, como si fuera capaz de volver a ese momento y verlo todo nuevamente. Ella lo observó en silencio, notando como se sumergía cada vez más en sus pensamientos y se respondía a si mismo la pregunta, ya que parecía que era así. Se estaba respondiendo a si mismo el porque la amaba y no a ella.

-Yo iba caminando silencioso esa noche, sin rumbo fijo y con la mirada perdida. En una de mis manos estaba una carta. Una carta de despedida. Una carta de mi madre.- continuó hablando sin percatarse de nada de lo que pasaba a su alrededor. –Recuerdo que en ese momento nada me importaba, lo único que había amado en la vida había partido para nunca más volver. Me había abandonado, como todo lo demás que quise en el pasado. Sentía rabia contra todo y contra todos, pero sobretodo contra mí. Por no poder retenerla y obligarla a quedarse a mi lado. Por no haber impedido su muerte.- dijo con voz neutra, como si estuviera narrando la vida de alguien más, y no la suya propia.

-Quería vengarme del mundo por ser así de cruel, y a la vez quería dejar todo de lado. Quería estar con ella, sin importar si era en esta vida o en la otra. Yo la amaba y ella a mi. Siempre fue así, pero ya más nunca podría volver a ser.- continuó hablando con suavidad.

-por unos instantes pensé en hacer algo terriblemente estúpido. Pensé en tentar a la suerte y al destino, para que mi vida corriera el mayor peligro y así poder ir a reunirme prontamente con mi madre. Cuando pretendía escaparme, tú apareciste.- dijo con suavidad, mientras parecía que reviviera ese momento.

-Tú llegaste y me observaste en silencio. Viste más allá de esta dura coraza que me protege y te acercaste a mí. No se si eras consciente de quien era yo, o tal vez es que daba tanta pena que no pudiste reprimir el acercarte a mi y abrazarme.- comentó ante la atónita mirada de ella. Claro que lo recordaba, allí fue cuando todo empezó. Los encuentros furtivos, las miradas cómplices, los secretos guardados. Todo.

-Yo intenté separarte de mí. Grité y te insulté a más no poder, pero tu agarre no flaqueaba ni un poco. Es más, me apretabas cada vez más, pero sin llegar a asfixiarme. De un momento a otro, mi muralla cayó por completo y me aferré a ti como un moribundo. Me aferré a tu cuerpo y al calor que este despedía. En ese momento me permití llorar. Lloré como no hacía en años. Lloré por mi niñez solitaria, por mi vacía existencia, por el cruel destino que caía sobre mí, por la suerte que corrió mi madre y por mí. Lloré tanto que no podía distinguir tu figura.-

-no se como habíamos terminado tirados en el suelo, pero mi cabeza reposaba sobre tus piernas, mientras tu acariciabas mis cabellos y me cantabas una suave canción. Intentabas calmarme con eso. Y lo lograste. No se como, pero lo hiciste.-

-Me dejaste permanecer en esa posición todo el tiempo que quise, hasta que pude recordar donde estaba y con quien estaba. En ese momento, sentí asco conmigo mismo. Me había mostrado débil. Mi perfecta mascara se había hecho pedazos, pero extrañamente me sentía bien. Me miraste por unos instantes y luego me regalaste una sonrisa. La primera sonrisa sincera que recibía por otra persona que no fuera mi madre.-

-Recuerdo que me paralicé por ello y me quedé estático. Tú sonreíste más ampliamente por mi reacción y me preguntaste entre susurros si me encontraba bien. Pensé por un momento en recobrar otra vez mi mascara e insultarte por haberte acercado a mi, pero no me sentía de ánimos, además, no quería hacer nada que pudiera desaparecer la sonrisa que adornaba tu rostro.- confesó sin pudor ante las sonrojada mirada de la chica, que no podía creer lo bien que recordaba ese suceso.

-tú notaste mi lucha interna y no esperaste una respuesta. Sabias que me encontraba mejor. En ese momento, depositaste un casto beso en mi mejilla y me invitaste a caminar por los alrededores del edificio, saliendo al jardín trasero. Sorpresivamente para ti, acepté y te acompañé en el camino. No hablamos de nada, pero tampoco hacía falta. El silencio que nos rodeaba era extrañamente cómodo y para que romperlo con palabras burdas y fuera de lugar.-

-después de pasear un rato por las afueras, decidimos regresar al edificio. Era bastante tarde y alguien podría atraparnos. Cuando llegamos al corredor donde nuestros caminos se separaban, nos detuvimos en silencio. Me miraste unos segundos y me regalaste otra de tus hermosas sonrisas. Yo, sin ser plenamente de consciente de ello, te la devolví. En ese momento me quité una cadena que colgaba de mi cuello y te la coloqué en la mano, ante tu interrogante mirada. Esa que yo tan bien conocía.-

-sonriéndote una vez más, te dije que era un regalo para ti. Que era el collar que solía usar mi madre y que me lo había dejado a mí. Te alarmaste por la idea de que yo te lo estuviera dando a ti, e intentaste devolvérmelo, pero me negué a aceptarlo de vuelta.- dijo mientras una casi imperceptible sonrisa aparecía en su rostro.

-Lo que en ese momento no te dije fue, que mi madre me había dicho que cuando encontrara a aquella persona tan especial para mi, sentiría el impulso de regalarle ese collar. Y eso fue lo que sentí esa noche, a pesar de nuestro catastrófico pasado. Sentí que hacía lo correcto al dártelo, por lo que no acepté un no por respuesta. Suspiraste derrotada y lo aceptaste con vergüenza.-

-Yo me acerqué a ti con paso lento y deposité un beso en tu mejilla, haciéndote sonrojar por mi atrevimiento. Me despedí de ti con un nos veremos pronto, y tomé mi camino hacia mi habitación. Mi camino hacía las sombras otra vez, pero con una pequeña gran diferencia. Ahora tenía algo que me brindaba luz otra vez. Algo que iluminaba en mi interior, y sin saber que era, sonreí agradecido por ello.-

-Ese día me cambiaste y me diste la oportunidad de volver a ser yo mismo. Además de la oportunidad de conocerte, tal y como eres. Una mente excepcional y una alumna ejemplar, son las cualidades que todo el mundo ve en ti, pero yo veo algo más. Veo un corazón inocente. Un alma pura y trasparente. Un ser que es pasado por alto por los demás, pero quienes se toman el tiempo de ver como es en realidad, se llevan la mejor de las sorpresas, las cuales se escondes bajo esa fachada de mujer mandona y testaruda.-

-yo conocí a la persona tímida y cariñosa que existe en ti. A la mujer apasionada, que cree en sus ideales, sin importar que el mundo entero este en su contra. En aquella que piensa que es fea y que no despierta ninguna emoción en nadie y que se siente tan insegura de si misma, que cree que nunca podrá tener muchos amigos, por lo que se aferra a los que ya tiene y da todo de si por ellos.-

-Sabes, tú no eres fea. Si te vieras de la misma manera que yo te veo sabrías que eres todo lo contrario. Eres hermosa. Tanto tu cuerpo como tu alma lo son, y más de un idiota, incluyéndome a mí en la lista, esta detrás de ti, pero tu ni enterada.- dijo con algo de ironía en su voz, mostrando algún sentimiento en su voz por primera vez, desde que había comenzado su monologo. Ella lo observaba con lágrimas en los ojos y con la boca ligeramente entreabierta. Lloraba en silencio, sin saber realmente porque lo hacía. O tal vez, si lo sabía. Esa charla sonaba a despedida.

-Y aunque en el principio lo negué, el tiempo pasó, te fui conociendo poco a poco. Observándote en silencio y llenándome de ti y de tu aura, por lo que ya no me pude seguir negando lo evidente.- dijo con algo de pesar en su voz. Sonaba triste, pero a la vez tranquilo.

-Me enamoré de ti tan lentamente que no me di cuenta, pero no me arrepiento de ello. Es lo mejor que me ha podido suceder, y sería una blasfemia el negarlo. Pero, aunque intentara una y mil veces hacértelo ver. Tu no lo veías, tu no notabas todo el amor que mis ojos desbordaban al verte.- continuó con la misma tristeza impregnada en su voz y con la misma mirada perdida en sus recuerdos.

-Y aunque era una tortura seguir así, yo no podía dejarte. No podía alejarme de ti, porque eras mi vida y aun lo eres.- concluyó con una triste sonrisa, despertando lentamente de su letargo, para posar sus ojos sobre su acompañante. Su rostro estaba bañado en lágrimas y sus mejillas estaban sonrojadas por ello. Sonrió levemente por esa tierna visión, mientras llevaba una mano al bolsillo de su pantalón y sacaba un pañuelo, para luego, secar con suma delicadeza el rostro de ella.

-¿Y porque hasta ahora me lo dices?- preguntó ella después de un largo rato en silencio. Su rostro seguía húmedo, por las nuevas lágrimas que surgían de su rostro, a pesar de los intentos de él de secarlo.

-Porque antes no tenía el valor para hacerlo. Y aunque hace un rato tampoco lo tenía, supongo que debía decírtelo antes de…- comenzó a decir, pero su voz se detuvo abruptamente, mientras sus ojos se nublaban.

-¿Antes de que?- preguntó ella con impaciencia, y vio como él trataba de ignorar la pregunta. –Contéstame. ¿Antes de qué?- volvió a preguntar con desesperación en su voz.

-Antes de irme.- respondió él con tristeza. Los ojos de ella se abrieron a más no poder, y su respiración se tornó irregular por primera vez en la noche.

-¿Irte?- repitió como una autómata. -¿A donde? ¿Cuando? ¿Por qué?- preguntó descontrolada.

-Hoy.- fue la simple respuesta de él, mientras giraba su rostro hacía la distancia. No quería verla en ese estado. No era su intención y sabía que su decisión flaquearía si la observaba por mucho tiempo. Él tenía que irse lejos y no podía decirle un porque. Ella ya tenía suficientes problemas como para tener que cargar con los de él. No. Ella no sabría los motivos de su partida. Era lo mejor para todos. Para todos, menos para él.

Ella lloró desconsolada junto a él, sin saber que hacer para retenerlo a su lado. Para obligarlo a quedarse con ella. En ese momento recordó que él no había respondido a sus otras preguntas, por lo que se secó su rostro con algo de brusquedad y lo miró fijamente.

-¿A donde te vas? ¿Cuándo Regresas?- preguntó con rabia en su interior. ¿Por qué se iba? ¿Por qué ahora, que lo necesitaba? Sabía que era un pensamiento egoísta, pero era lo único que tenía para aferrarse a él.

-No te puedo contestar eso, ya que ni yo mismo lo sé.- fue la simple respuesta que recibió de él. Su corazón se estrujó en su pecho al escucharla y se sintió triste, inmensamente triste. Él se iría y ella no podría detenerlo.

Se quedaron nuevamente en silencio, mirando a la nada y sumidos en sus pensamientos. Conscientes del otro, pero sin poder esquivar el rumbo de sus pensamientos.

-Me tengo que ir.- dijo él mientras se colocaba de pie y la ayudaba a ella a levantarse. La observó unos instantes en silencio y sintió un gran dolor en su pecho, pero sabía que lo que hacía era lo correcto. Es lo mejor, se trató de convencer a su mismo una vez más.

-Por favor, no te vayas.- rogó ella con tristeza en sus ojos, mientras se abrazaba a él. Él trato de ser fuerte por los dos y no dejarse llevar por la sensación que lo llenaba en ese momento. Se sentía sucio por haber sido el causante de cada una de sus lágrimas. Pero era algo que no podía evitar. Así era el destino.

-No puedo. Aunque quisiera, no puedo.- le susurró él al oído, con ternura, mientras acariciaba por última vez el cabello de ella.

-Al menos, prométeme que me escribirás cada tanto. Quiero saber de ti.- dijo ella, resignándose a no poder retenerlo.

-Tranquila. Lo haré.- le respondió con una leve sonrisa, que ella se perdió por estar escondida en su pecho. Sintió como su camisa se empapaba por sus lágrimas, pero que importaba. Al menos así, se llevaría con él, algo que había nacido del interior de ella. Duraron varios minutos en esa posición. Él quería detener el tiempo y permanecer a su lado por siempre, y ella, quería retener su esencia con ese abrazo.

Con lentitud se fueron separando hasta poder verse los rostros y no sentir la calidez del cuerpo del otro. Una sonrisa triste apareció en los labios de ambos.

-Perdóname por favor.- le dijo a ella, mientras le acariciaba el rostro con cariño. Ella lo observó interrogante, preguntándose porque le pedía perdón. ¿Por dejarla? ¿Por no decirle el motivo de su partida? O, ¿por algo más?

-¿por qué?- preguntó ella en un susurro, mientras se perdía en la calidez que emanaba la piel de él, que estaba en contacto con su mejilla. Poco a poco vio como él se acercaba a su rostro y sin percatarse de ello, sintió como sus labios rosaban los de él. El contacto fue leve y suave. Era demasiado sutil, que rayaba en lo melancólico. Ella poco a poco le fue devolviendo la caricia, con dolorosa lentitud. Trasmitiendo la misma melancolía en cada uno de sus movimientos.

El beso fue suave y lento, pero tan doloroso para él, como glorioso. Poco a poco se fue separando, pero sin dejar de sentir la piel de su mejilla. Ella tenía los ojos cerrados y una expresión algo triste. Igual a la de él.

-Por esto.- respondió él, mientras separaba su mano de su rostro y se alejaba de ella. Comenzó a caminar hacia atrás unos cuantos pasos, antes de girarse y seguir con su camino. Pronto amanecería y no le convenía que nadie lo viera.

Ella permaneció estática en su sitio, observándolo partir. Viéndolo alejarse de su vida tan sutilmente como había entrado en ella. Pero ahora, llevándose algo más que creyó nunca perder. Su corazón.

Nunca pensé que podría amar de esta manera. Tanto, que siento que me es más cómodo engañarme y pensar que no te quiero, cuando bien sé que no es cierto. Cuando llamo a otro como mi amor, a sabiendas que tu eres el único que en realidad es el amor para mi.

Soy masoquista, lo sé y aunque ante todos parezca que ya te superé, que seguí con mi vida. Mis ojos, aún muestran en la profundidad, que todo es una mentira. Pero callo porque es más fácil vivir así, porque mi razón le ganó a mi corazón. Porque ya me resigné a no tenerte a mi lado, por lo que me rendí al primero que no me ha hecho daño. Al primero que me vio con amor en sus ojos, a pesar de que los míos no sean capaces de devolvérselo.

Y callo porque es más cómodo engañarme, porque es más fácil mentirles a todos, y sueño con lograr engañarme a mi misma. Pero pase lo que pase, en silencio siempre sabré que te querré y que te amaré siempre. En ese mismo silencio en el que sé que siempre pensaré en ti al momento de despertar y al momento de dormir. Soñando una y otra vez la última sonrisa que me regalaste y la última mirada que te sostuve.

Pero si tú me lo pidieras, yo te seguiría a donde me guiases, así fuera a mi misma muerte, porque yo iría detrás de ti, sin importar nada. Sin importarme yo o alguien más. Pero de los dos, tú eres el consciente y no me pedirías nunca eso. En parte estoy agradecida contigo, y por la otra, estoy decepcionada porque no me requieres como yo quisiera.

Soy algo suicida, y ojala nunca escuches esto, porque no es lo que tu piensas. Simplemente lo digo, porque no me importaría morir, si es siguiéndote a ti. Soy patética, ¿no te parece? Me siento como un poeta que ha renunciado a su esencia y ha terminado trabajando en un banco, tan lejos de su verdadera vocación y tan decepcionado de si mismo, que no es capaz de hacer otra cosa que resignarse y seguir adelante con su triste existencia. Así mismo, estoy yo.

Tan solo te puedo ver marchar de mi lado, con esa sonrisa de la que me enamoré y mirándola a ella. Siempre a ella. No se como las cosas se complicaron tanto. Antes te veía diferente, te veía como un hermano. Pero ahora, eres el motivo por el cual despierto día a día y tu sin siquiera saberlo. Tú quieres que sea feliz y te alegras por mí al ver a ese que esta a mi lado, pero que no ha sido capaz de tocar mi corazón. Si tan solo supieras la verdad.

Si tan solo hubieras aprendido a leer mi mirada, como yo aprendí a leer la tuya. Tal vez, y solo tal vez, podrías notar que muero por ti. Pero es demasiado tarde ahora, pronto te casarás y me pediste ser tu madrina. No se como lo logré, pero te sonreí. Supongo que son los años de práctica que tengo, que ya se fingir perfectamente todas mis sonrisas. Hace mucho tiempo que no suelto una sincera, y tú, ni cuenta te has dado.

Me pregunto, ¿que tan doloroso sería si me arrancara el corazón de un solo? ¿Dolería igual o menos de lo que ya de por si me duele? O simplemente sería una cosquilla ante mi pesar. No se, y por ahora pienso que es mejor ni pensar en ello. Eso solo me deprime un poco más.

Quisiera convertir estas palabras en un trozo de papel, para que fueran un poco más reales de lo que ya son, pero tengo miedo de que tú pudieras leerlas, y sufrir por mí. Yo no quiero que te sientas culpable. Tú no tienes culpa de nada, la culpa la tiene mi travieso corazón que te escogió a ti como su dueño y ahora rechaza a todo aquel que quiera llegar a él. Pero supongo que esa es la consecuencia de participar en aquel viejo juego de azar llamado amor, porque si no, no se que pueda ser.

Ahora solo me queda ver como alguien disfruta de haber sido afortunado, mientras yo me conformo con los retazos de dignidad que me quedan medio intactos, después de tantos golpes. Ya no se ni lo que digo, ni lo que pienso. Tan solo balbuceo cosas sin sentido, mientras lloro por ti y por mí. Mientras deseo ser algo más, algo más de lo que llegaré a ser.

Y sabes, lo peor de todo es que sé que no te puedo detener aquí, a mi lado. No puedo impedir que te marches, porque se que tu necesitas ser libre, tan libre como puedas y quien soy yo para impedírtelo, si soy la persona que más te ama en el mundo y sería capaz de renunciar a todo por tu felicidad. Me toca quedarme aquí, sentada en la misma posición por horas, resignándome en silencio, que muy pronto, más que tarde, tú te marcharas nuevamente y sin saber cuando volverás. Tu madre me mira maternalmente y sé que se pregunta porque suspiro tanto. Lo más seguro es que piense que es porque estoy ahora enamorada del menor de sus hijos varones, como todo el mundo lo hace. ¿Es que nadie es capaz de ver que mis ojos no brillan por él, sino que aún lo hacen por ti? ¿No son capaces de notar que mi mirada busca tu figura cada vez que estamos en la misma habitación? Parece que no, tan solo me tratan de dar ánimos, cuando yo se que nada pasara nunca entre él y yo, al igual que entre tu y yo.

Permanezco en silencio. Estamos a menos de quince días de navidad y hoy celebramos tu cumpleaños. Otra lágrima recorre mi mejilla. Siento que pierdo el valor que me caracteriza por la simple razón de que estoy cerca de ti, y se me hace tan difícil fingir estar alegre. Hoy dijiste que traerías a esa mujer que logró robar aquello que yo más añoro, tu corazón. No se si odiarla o ponerla en un altar, por lograr domar tu travieso y juguetón corazón. Pero cualquiera que sea la respuesta, aun así duele. No se si me has visto aún, espero que no. Supongo que así será más fácil irme, sin necesidad de despedirme de ti. Dudo mucho que llegues a extrañarme, como yo lo haré contigo, pero si no me aferro al poco valor que ahora corre por mis venas, lo más seguro es que me desvanezca en cuanto te vea.

Convoco mis cosas, y miro por última vez este lugar, tu hogar. Sonrió levemente y sinceramente desde hace tiempo, pero mi sonrisa no es radiante, más bien es triste. Cierro mis ojos y ruego por un instante que tu salgas y me veas en mi intento de huida para que me obligues a quedarme a tu lado, pero al abrir los ojos, mis ilusiones se esfuman. Tú no vendrás, eso es seguro.

Tomo mis pocas posesiones y comienzo a caminar lejos de esa casa, tratando de escapar lo más rápido posible para que el valor no escape de mí, y a la vez tan lentamente para llenarme una ultima vez de tu misma aura por una vez más.

Ya falta poco, ya estoy por salir de los límites de la propiedad. Ahora, solo me queda darte una última mirada atrás. Ojala logren perdonarme alguna vez, si es que regreso por aquí. Pero ya decidí y no hay vuelta atrás. Me aferró a mis cosas, y una última traicionera lágrima sale de mis ojos al verte llegar. Me miras por un segundo y siento que logras ver atreves de mi. Corres, intentando llegar a mí. Supongo que descubriste mis intenciones, pero ya es tarde. Todo acabó antes de iniciar.

Te regaló una última sonrisa, mitad alegre, mitad triste. Y muevo levemente mi mano, dejando escapar un pequeño papel. Estas a punto de llegar a mi lado y en ese momento cierro mis ojos y pienso en un lugar lejos de allí. Siento un retorcijón y abro mis ojos. Por fin me pude alejar de ti, ahora solo queda intentar seguir adelante sin aquella ilusión.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Se marchó. Se fue lejos y no logré detenerla. No se exactamente como, pero sentí que sus ojos me pedían silenciosamente que la retuviera, que la obligara a quedarse a mi lado. Y justamente eso intentaba hacer. Pero te fuiste antes de que lograra tocarte, antes de que pudiera estrecharte entre mis brazos. Dejándome aquí, solo y desalmado. Porque tú, eres mi alma.

¿Ahora que hago? Ahora como continúo. Busco con mis ojos ese papel que dejaste escapar entre tus dedos, mientras te despedías de mi. Lo busco por todas partes, hasta que lo encuentro. Es minúsculo, pero aun así lo tomo con cuidado. Trato de abrirlo, sin romperlo y me encuentro con tu letra. Una promesa rota y un corazón adolorido. Así te sientes y al igual me siento yo. ¿Qué sucedió Mione? ¿Que sucedió con nosotros para que no notáramos los sentimientos del otro? En realidad no lo sé. Ahora lo único que me importa es encontrarte. Tengo que hacerlo. Debo traerte de vuelta, y poder estrecharte entre mis brazos para perderme en silencio en la profundidad de tus ojos una vez más. Para amarte más intensamente y para no dejarte escapar nunca más. Tiro al suelo el papel y corro a la casa. Tengo que encontrarte pronto, por lo que debo recoger mis cosas. No tengo tiempo que perder, porque es tiempo que la vida le roba a nuestro amor. Mama estará preocupada y todos conmocionados, pero no me importa. Lo que me importa es encontrarte y no regresaré hasta conseguirlo. No me importa perder mi empleo, o no disfrutar mi cumpleaños. Tan solo me importas tú y solo tú.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------

En la grama, un pequeño pedazo de papel reposaba. Unas simples palabras que de haber sido dichas en el momento justo, hubieran cambiado tanto el rumbo de las cosas y de las vidas de muchos. Unas tan pequeñas, pero significativas palabras por las que muchos morirían por conocer. Unas simples palabras nacidas del alma.

“Siempre fuiste tu, y lo seguirás siendo por siempre. Te amo Charlie. Atte: Hermione”

Gitana Mía

Me dejé llevar por ti y por tu magia. Me dejé atrapar por el sonido de tu voz y el sutil movimiento de tus cabellos en la brisa. Y ahora, aquí sentado en la soledad de mi hogar. En este pequeño pórtico, algo olvidado por las arenas del tiempo, al igual que su único habitante, te espero pacientemente, sentado en ese columpio donde me viste la última vez y con esa misma guitarra en mis manos.

La afinó lentamente y la acaricio con ternura. La palpo en silencio y me lleno de la esencia de la nada. Suena incoherente, ¿no es cierto? Pero es que ya no tengo nada más de que llenarme si tu no estas. Comienzo a tocar una suave melodía, tan bajo y tan suave que me recuerda un poco a tu voz. Tan dulce y magnifica, que siento que es la voz de mis pensamientos. Sigo tocando sin importar nada más, la canción transcurre lentamente, como si fuera una danza. Cuanto me gustaría que fuera la danza de tus cabellos al viento.

También suena como una canción gitana. Tan gitana como tu misma, mi dulce y esquiva gitana. ¿Crees que algún día puedas regresar para darme una última mirada? Quien sabe. Eres tan pura y tan libre, que no me creo capaz de intentar retenerte. Sería cortarte esas maravillosas alas, sería arrancarte tu esencia. Ya no serías tú. Y a ti, es a quien amo, a pesar de todo.

Mi dulce gitana de cabellos castaños y de ojos color miel, tú que siempre has estado vagando por el mundo. Tú que siempre has danzado, en vez de caminar. Tú, a quien el sol le sonríe tiernamente. No se que decirte, o que hacer cuando te vea nuevamente, si es que llega a suceder. Supongo que ahora mismo estarás lejos de aquí, sonriendo serenamente y con esa calidez, tan tuya y tan única. También estoy casi seguro, mi gitana, que varios corazones has asaltado sin darte cuenta, como el mío, que tienes desde hace años.

Poco a poco, mi canción se acaba al igual que la ilusión de este día. Dejo que los últimos acordes se escapen de mis manos con sutileza y cierro mis ojos imaginándote, recreándome con la última fugaz sonrisa que me regalaste antes de partir. Escucho pasos pasar frente a mi casa, supongo que es alguno de los vecinos. Pero también hay aplausos. Alguien aplaude. Abro mis ojos y te veo, gitana mía. Tan hermosa como te recordaba y tan radiante como siempre. Esa sonrisa, oh dios, esa sonrisa que esta en tu rostro es la más hermosa que me has dedicado. Te sonrío y tú te acercas a donde me encuentro. Me miras fijamente y me paralizo bajo tus ojos. Te sientas a mi lado, en este columpio que nadie más, aparte de mí y de ti, ha tocado. No se que quieres de mi, no se que estas pensando, pero no me importa. Tan solo se que estas aquí, a mi lado, y una vez más te he podido ver.

Ahora tan solo puedo tocarte otra vez esta canción, para que la escuches completa, porque este es lenguaje en que mi corazón te habla. Esta es la música que tu mirar me hace escuchar y que tu cintura, al caminar, marca produciendo cada compás.

Pueda ser que yo no tengo lo necesario para amar o ser amada. Si no se como amar, no es por mí, aunque a veces no puedo negar que lo he pensado. Bueno, quien sabe cual es la realidad. Y ahora que me pongo a pensar en ello, ¿realmente importa? Yo creo que no. No cambiara en nada mi realidad.
“Hola. Es extraño el verte después de tanto tiempo y de tantas cosas vividas entre tú y yo. Se que pensaras que estoy loca por lo que te pienso preguntar pero, ¿Me recuerdas? Porque yo si te recuerdo. Te recuerdo perfectamente. Sonara algo extraño y hasta carente de sentido, pero es la verdad, recuerdo cada una de las pecas de tu rostro y como se marcaban cuando te sonrojabas por algo que nos decían. Recuerdo tu risa, que ahora escucho en este momento, siempre tan suave y tan fresca. Siempre me gusto eso de ti. Son largos los años que han pasado, pero parece que hubiera sido ayer el día en que nos dijimos adiós mutuamente. Te noto igual que ese día, pero yo en cambio, no soy igual. Tal vez fue el tener que enfrentarme a todo lo que me intimidaba y de lo que tú me protegías, o simplemente maduré al ver como pasaba el tiempo y yo me estancaba. Escoge la posibilidad que más te guste o que alimente más tu ego, eso ya no importa ahora. Sonrió al verte fruncir el ceño. No esperabas verme otra vez y mucho menos tan cambiada. Eso me alegra, ya que por fin te he superado. Se que te preguntas que hago aquí. Bueno, vine para ver si ya había podido seguir mi vida sin tu fantasma, y por lo que noto en este momento, veo que es así. Pero parece que tú no has podido seguir adelante. Lamento haberte incomodado o haber regresado para revolver tu mundo, esa no era mi intención. Pero necesito que me hagas un favor ahora que te he vuelto ha ver. Por favor recuérdame. Recuérdame como soy ahora y como fui en ese entonces. Recuérdame como esa persona que compartió tantas experiencias a tu lado y que te amo sin medida, mas no me recuerdes como la mujer que sufrió y lloró por ti. No quiero que trates de disculparte ahora por los errores del pasado. Ya ese momento pasó. No te quedes en el pasado y continua adelante con esos hermosos recuerdos, los cuales yo también atesoro. Que yo también mantengo vivos en mi memoria. Ahora me tengo que ir, y espero volver a verte alguna vez más. No trates de detenerme, ya nada es igual, sobretodo yo. Fue un placer el encontrarte y el volverme a perder en los recuerdos, pero ya es momento de regresar a la realidad. Cuídate, y espero que esto sea un hasta luego, en vez de un vacío adiós.”

“Me senté en la arena. Estaba completamente sola y en silencio. Sola con las estrellas y con el mar. Sola con mis pensamientos y con mis miedos. Sola en la oscuridad de la noche. Observaba el ir y venir pacifico de las olas, mientras las estrellas se reflejaban en la oscuridad del agua. Tomé un puñado de arena y lo lancé hacia el mar, observando detenidamente como se deshacía en el aire, antes de que lograra llegar al mar. La brisa sopló en ese momento y meció suavemente mis cabellos. Suspiré con desanimo y me acosté en la arena, con mis ojos cerrados y concentrándome en el sonido que producían las olas. Sonreí sin proponérmelo y permanecí en silencio, sintiendo la tranquilidad que hacia tanto creía perdida. De un momento a otro, sentí como algo rozaba mis mejillas, un tacto cálido, una suave caricia. Me permití disfrutar de ese furtivo roce, antes de abrir los ojos buscando a su causante. Me encontré contigo. Un completo desconocido que lograba trasmitirme paz. Observé tus ojos, buscando una respuesta al porque estabas sentando a mi lado, con tu mano en mi mejilla y con esa sonrisa tranquila. Enarqué una ceja al notar que no dejabas de acariciar mi piel, a pesar de ya haberte descubierto. Alzaste tus hombros en un gesto despreocupado y seguiste con tu tarea. En ese momento detalle tu rostro y me perdí en tus ojos. No se que tenían, pero me mantenían atrapada en tu mirada. Sentía que podía sumergirme en la oscuridad de tu mirada y nadar en ellos hasta que el tiempo dejase de ser relevante. Sé que sueno como una cursi, pero me permito aclarar que no lo soy. Solo soy romántica. Cerraste tus ojos por un momento y toda la cordura regreso a mis pensamientos, haciéndome levantar rápidamente y apartarme de ti y de tu calidez, cosa que me arrepentí inmediatamente después. Al ver que me separaba un poco más de ti, sonreíste nuevamente, pero con un poco de melancolía y con tristeza. Una extraña opresión se apoderó de mi pecho al verte así y sin pensar claramente lo que hacía, me acerqué a ti y te abracé. Recuerdo que me perdí entre tus brazos y si me preguntas ahora, no se cuanto tiempo estuve en esa posición, tal vez fueron minutos, horas o hasta días. Pero que importaba eso en el momento, yo estaba concentrada en tratar de apartar todos los fantasmas de tu mirada y devolverle el brillo que por unos instantes pude conocer y del que sin saberlo me volví dependiente. Poco a poco me separé de ti, tratando de prolongar lo mas posible el contacto que mantenía contigo, pero también intentando ver nuevamente tus ojos, para saber si todo estaba bien nuevamente. Al subir mis ojos hacia tu rostro, encontré una gran sonrisa y un brillo en tu mirada. Suspiré aliviada al notarlo nuevamente, pero sin ser plenamente consciente de lo que hacía. Tu sonrisa cambió y dio paso a una más picara, mientras te acercabas a mi y me envolvías nuevamente entre tus brazos, mientras acariciabas los míos con lentitud y tranquilidad. Suspiré extasiada y me di cuenta de algo, no conocía nada de ti, ni siquiera tu nombre. Había tratado de aliviar las penas de tu corazón sin conocerte y tú habías llegado a calmar mi mundo sin saberlo. Te acercaste a mi oído y tu respiración chocó con mi piel, haciéndome erizar cada uno de los vellos de mi cuerpo. Tu nombre, susurraste tu nombre como una suave caricia, sabiendo que eso era lo que me preguntaba internamente. Como si se tratase de un suspiro, te dije el mío. Nos sumimos nuevamente en silencio, había tanto que podíamos decirnos el uno al otro, pero preferimos callarnos. En ese momento, lo mejor era callar. Luego de horas, te separaste de mí, dejándome con esa sensación de vacio impregnada en mi pecho. Me miraste una ultima vez y sin siquiera despedirte, te giraste y te alejaste de mi. Te alejaste de mi vida y te llevaste mi paz. Porque eso eras tú. Eras mi paz. Me quedé unos minutos más en ese lugar, observando el lugar por donde te habías marchado, sin que yo pudiera detenerte, porque esa era la verdad. No sabía como obligarte a quedarte a mi lado, a estar conmigo en la oscuridad de la noche y en mi soledad. Con lentitud me puse de pie y me alejé del mar, me alejé de ese lugar y traté de olvidarte esa noche, pero tu recuerdo no me dejaba dormir. Y todavía no me deja dormir. No sé, pero no fui capaz de volver a ese lugar. Pero hoy me cansé de soñar contigo y de soñar con tu voz. Hoy me cansé de pensar en ti desde el amanecer hasta el momento en que mis ojos se cierran. Me cansé de querer verte de nuevo, aunque sea una sola vez, y escuchar tu voz otra vez, así fuera para que me dijeras una sola palabra, como aquella vez. Por eso regresé hoy a este lugar. Por eso vine, para convencerme a mi misma que aquí acabaría lo que comenzó en ese encuentro furtivo. Me senté en el mismo lugar y luego de mucho pensar, me acosté en la arena, cerrando mis ojos y dejándome llevar por la caricia del viento. Pero algo me sacó de mi ensoñación. Una caricia. Como aquella vez, me deje llevar por la caricia, deseando con todas mis fuerzas que fueras tú. Abrí mis ojos con temor y me encontré con tus ojos. Parpadeé un poco y me pellizqué el brazo para asegurarme que no desaparecería como mis fantasías, pero eras real. Estabas allí, conmigo. Escuché tu risa suave surgir de tus labios y me sentí feliz. Te tardaste en regresar. Me dijiste cuando dejaste de reír y sentí como mis miedos se disipaban. Prácticamente me lancé encima de ti y te abracé con todas mis fuerzas y con esas ganas reprimidas por el tiempo. No se como, pero tus labios encontraron los míos y nos fundimos en un beso sin presiones y sin palabras, pero tan real como el sentimiento que llenaba mi corazón. Nos separamos con lentitud y maldije mi necesidad de respirar, pero tu sonrisa me tranquilizo nuevamente. Ya estoy aquí, eso es lo que importa. Dije con suavidad, antes de depositar un suave beso en tus labios, sin llegar a profundizarlo y dejándote con ganas de más. Lo sé, y por eso no te dejaré ir más. ¿Dejarme ir? Si fui yo quien te dejó ir y sin siquiera intentar detenerte. Traté de hablar, pero tus labios me callaron. Te conozco desde hace años y te he amado desde entonces, pero vi confusión en tus ojos aquella vez en que me armé de valor y me acerqué a ti lo suficiente como para estar a tu lado, por lo que decidí dejarte marchar. Y si me llegabas a querer aunque fuera un poco, regresarías a este lugar. Regresarías a mi. Y en ese momento no te dejaría marchar nunca más. Pero era tu decisión. Eras tu quien debía permitirme quererte, ahora te pregunto, ¿tu me quieres a mi lo suficiente como para dejarme ganarme tu corazón?. Me dijiste al oído y yo no pude hacer nada más que suspirar embelesada. ¿Quererte? Yo no te quiero. Yo te amo. Sonreír ampliamente y me abalancé nuevamente sobre ti, besándote con pasión y con desenfreno, con desesperación y dulzura mezcladas. Al separarnos me miraste a los ojos algo desorientado y yo solo pude sonreír por ello. Yo no te quiero. Hace tiempo deje de hacerlo. Dije con suavidad, notando como tus ojos perdían brillo, me apresuré a terminar de hablar. Hace tiempo que esto dejó de ser un querer, para pasar a ser un amar. Dije con una sonrisa. Sonrisa que tú correspondiste. Nos besamos nuevamente, en la oscuridad y en el silencio. El mismo silencio que nos rodeo aquella vez. El mismo silencio que me había acompañado en la vida, que me había torturado y que ahora me reconfortaba. Y todo, por estar a tu lado.”

“Quisiera poder regalarte cada uno de los segundos de mi día, cada uno de los rayos de sol que tocan mi piel para que calienten tu corazón y tu piel en las noches frías. Quisiera poder regalarte un instante mágico donde todo pudiera ser, para que hicieras con el lo que quisieras y así poder verte sonreír al cumplir uno de tus sueños. Quisiera regalarte la canción que toca mi corazón cada vez que te veo, pero siento que si la pierdo, perdería la vida misma con ello. Pero por más que quiero, no puedo. Solo puedo darte mi fe, mi amor y mi paz. Solo puedo darte mi mundo para que habites en el. Tan solo puedo abrirte las puertas de mi alma, para que tomes de ella todo lo que quieras.”

“¿Como amarte menos? Como hago para que entiendas que no se como hacer para poder dejar de amarte. Simplemente mis sentimientos crecen cada día, simplemente emergen con abrumadora facilidad, llevándome a la locura y a la desesperación. ¿Será posible que ahora me escuches? Que ahora si me entiendas. No. No lo haces y estoy segura que no lo harás. Yo se que estas avergonzado por la magnitud de mis emociones y sentimientos hacia ti, pero no te preocupes que ahora mismo yo me alejo de ti. No seas irracional y no grites. No grites más. No grites, por favor. No ves que me lastimas. Detente, detente ahora y déjame ir, déjame escapar. Yo se que tu vida no se vera afectada por mi ausencia, porque yo no soy parte de ella, a pesar de que eso sea lo que me duela. Ahora te pido como amiga, te pido como la persona que más te quiere en el mundo, que me dejes ir. Permíteme alejarme de ti, ahora que aun soy capaz de mantenerme en pie. Ahora que soy capaz de mantenerme erguida por el poco orgullo que me queda. No me mires así. No me veas con esa cara. Sabes perfectamente que no me puedo resistir a ti. No te quiero ver más, no te quiero escuchar, no te quiero sentir cerca de mí, a pesar de que lo que más añore sea tu contacto. Déjame llorar en la soledad, sin derramar lágrima alguna, pero a sabiendas que mi corazón llora sangre por las ilusiones muertas y las promesas rotas. Déjame ir ya. Acaso no ves como me derrumbo lentamente. No ves que quiero estallar y que tu presencia no me deja hacerlo. Tú me impides dejar salir este dolor. No me importa ninguna de las palabras que digas en este momento. Ya el momento de escucharte pasó, ya no te oigo más, ya no te entiendo. Ya me cansé de esperarte y de soñarte. Me cansé de ti y de tus promesas vacías. Pero créeme cuando te digo que deseo que seas feliz. Te deseo lo mejor del mundo, porque a pesar de todo, yo aún te sigo amando y deseo tu alegría más que nada. No llores ahora, que esas lágrimas ya no valen nada. Te prometo algún día regresar y si es posible verte otra vez. Te prometo volver a este lugar, con el corazón curado y un nuevo porvenir ante mis ojos. Ahora solo me queda abrazarte una vez más antes de partir. Cuídate, cuídate mucho. Cura esas heridas sangrantes de tu alma, que yo intentaré curar las mías y espero que al regresar, encontrar que tu corazón nuevamente ha vuelto a amar. Ahora si, hasta luego, amor.”
“Te has llevado todo de mí y aún así tienes el descaro de espetarme en la cara que no te amo. ¿Cómo puedes pensar eso? Como es posible que tus estúpidas dudas y celos infundados te nublen tanto como para no ver lo evidente. He dado todo por ti, he dado mis ilusiones, mis sueños, mis esperanzas, hasta mi libertad por ti, y ¿así es como lo ves? Como un simple compromiso. Como un trámite o una costumbre. ¿Acaso puedes ser más cruel? Arrancaste de un solo golpe todas mis ilusiones y mis deseos. Te llevaste mi esencia y mi virtud. Te llevaste mis plegarias, mis lágrimas y mis palabras, dejándome solamente con el amargo y salado sabor de la verdad a media y de mis lágrimas. ¿Quieres saber cual es mi verdad? ¿Quieres saber cual es mi realidad? Nada. Ya no es nada. Hasta hace un instante eras tú, siempre fuiste tú y mira como acabaron las cosas. Eres un inconsciente y un imbécil. Pero ahora no eres nada. Ya no eres nada. No eres mi todo, simplemente eres un recuerdo. Un doloroso recuerdo que pienso sepultar en el olvido. Un recuerdo perdido en las arenas del tiempo y del perdón. Porque si, te perdono. Te perdono porque es la promesa que me hago a mi misma de seguir adelante. De seguir luchando por mi vida, por mis sueños y por mis anhelos. Sueños en los que ya no eres participe. Sueños bañados de miel y café. Sueños con olor a lluvia y a mar. Esos sueños. Espero que sigas adelante y logres superar tus miedos. Yo en realidad quise ayudarte a hacerlo. Ayudarte a crecer. Quise espantar todo aquello que te aterra y susurrarte al oído palabras de aliento cuando lo necesitaras. Pero ya no más. Ya más nunca lo haré. Ahora solo me queda decirte, Adiós.”
“Supongo que no tengo mucho que hacer aquí, ¿no es cierto? Supongo que simplemente queda por vivir un poco más y a la vez un poco menos. Pero que quieres que haga conmigo, que sonría de manera más notoria o que las lágrimas que rondan mis ojos simplemente no salgan. No se que quieres de mi, porque yo se que ya no quiero nada de ti. Simplemente he dejado de preocuparme por ello, y trato de seguir adelante.”
“Dime que hago ahora. Dime como sueño, como pienso, como vivo. Como hago ahora. Como suspiro, como respiro, como sobrevivo al día a día. No se que quiero, no se que quieres de mí. Si mis lágrimas son tuyas. Mis lágrimas, esas traicioneras lágrimas que reflejan tu esencia y que saben a sangre. O si, saben tan endemoniadamente como sangre, que dudo mucho que no lo sea. Pero que quieres que te diga corazón, ¿que no sufro por tu ausencia? Pues no esperes eso de mí. No esperes que te diga mentiras para saciar un poco la culpa que hay en tu corazón. Yo no te haré las cosas más fáciles, como tú no las hiciste conmigo. Se que creerás que soy egoísta, y me importa un cuerno si lo crees o no. Pero tú y yo sabemos, que entre los dos, el egoísta eres tú. Nadie más que tú. Te robaste mi alegría y mis ganas de vivir. Te robaste mi primer beso, mi primera ilusión y mi primer sueño. Te robaste tantas primeras cosas, que ya perdí la cuenta de todo. Simplemente lárgate y no contestes a ninguna de las preguntas que te hice. Sería perder el tiempo. Así que mejor márchate, vete lejos y déjame aquí. No me mires así. No quiero tu lastima. No quiero tu culpa. Antes quería tu corazón, y ahora, no se que quiero. Pero definitivamente, no eres tú.”

jueves, 4 de octubre de 2007

“Estoy aquí, viendo otra vez como las hojas caen. Viendo otra vez, como el sol se funde nuevamente con el horizonte y se hacen uno. Me senté en el mismo lugar, bajo el mismo árbol de aquella vez. Y sin poder evitarlo, sonreí. Sonreí como ese día, bajo este mismo árbol y volví a mirar a lo alto, para tratar de que los últimos rayos de sol toquen mi piel. No se porque decidí venir a visitarte otra vez. No se porque pensé que era lo que debía hacer en este momento, pero como ya me dije en su momento, siento que hago lo correcto. No sabes lo mucho que extrañe ver esta misma puesta de sol, y como la brisa fresca te acaricia el rostro, mientras te dejas llevar por la calidez del sol y por el hermoso espectáculo que es el ver morir el día y el nacer de las estrellas. Tal vez tú no lo recuerdas allá donde estas, pero yo puedo ver claramente en mi memoria el día que te besé bajo este mismo árbol. El día en que te juré con el alma, el amarte eternamente. El estar entre tus brazos, compartiendo mas que el tiempo, compartiendo nuestra vida y hasta compartiendo el mismo latido de corazón. Todavía lo recuerdo, todas aquellas promesas escritas con fuego en nuestras almas y concebidas bajo este cielo anaranjado. Quise regresar otra vez desde que te fuiste, quise poder volver a ver todo aquello que vimos juntos, una vez más. Pero me era casi imposible. Demasiado dolor para este cansado corazón, que se quebró cuando te fuiste para jamás regresar. Se que debes estar enojado conmigo por haber demorado tanto en venir, pero como hago, si las heridas tardaron tanto en curar. Se perfectamente que no querías que volviera a este lugar con una expresión triste en el rostro, y no quise manchar tu deseo con mis lagrimas, por lo que huí. Huí por largo tiempo. Huí de mí, de ti y de los recuerdos. Pero por fin pude regresar a este lugar, después de tantos años, y aun sigue siendo el mismo. Donde te bese por primera vez, donde me prometiste bajar las estrellas para que residieran en nuestro hogar, donde creamos sueños juntos. Pero también fue aquí donde te bese por última vez, antes de dejarte ir. Antes de que siguieras un camino sin retorno, un camino donde no te pude acompañar. Se que entiendes que tu muerte me lastimaba, porque es verdad, y aun lo hace. Pero he aprendido a vivir nuevamente, a recordar sin que me duela. Y por eso he vuelto a aquí, he vuelto junto a ti, para poder decirte hasta luego, mientras espero el momento para volverte a ver.”

“Pueda ser que el tiempo se haya escurrido de mis manos. Pueda ser que el mundo gire con tal velocidad que no soy capaz de seguir su ritmo, y me quedo atrás. Pero por más que quiera, no puedo. Simplemente no va conmigo, y para que negar, que me siento bien así. Puede que eso te incomode y hasta te fastidie. Puede que no me entiendas y creas que no me importa seguir el ritmo acelerado de los latidos del corazón de este mundo y de esta realidad, que a mi me sabe más soñados que tangibles, porque mis sueños son tan reales y esta verdad tan soñada. Te puedo dar las estrellas que brillan cada vez que cierro los ojos, o el mar que esta en mis pupilas. Te puedo bajar la calidez del sol con un beso y entregarte mi paz y mi tranquilidad, que es todo lo que poseo. Te puedo entregar la sombra de mi cuerpo y la luz que cae en mi, que me acompaña eternamente, para que lo haga contigo y aun así se que no es suficiente para ti. Porque no puedo seguirte el paso a ti, y a este mundo acelerado. Porque no puedo y no quiero dejar de detenerme a contemplar la belleza detrás de una sonrisa sincera y el misterio que se descubre en tu mirada. Porque no puedo dejar de pensar y de sentir poco a poco y muy lentamente. Porque no puedo dejarme llevar. Por eso dejo escurrir el tiempo, por eso dejo pasar las horas en silencio. Porque te contemplo y me lleno de ti. Porque te vivo a mi manera particular y porque te veo vivir. Porque te quiero y te cuido a mi manera, aunque tal vez, no sea como tu quieras.”

Adios, corazòn

“No se que me paso todo este tiempo. No se que sucedió conmigo desde que te fuiste hasta el día de hoy, pero poco me importa. Corazón, es cierto que te fuiste lejos de aquí. Que olvidaste este lugar y a mi al igual que aquello. Que te alejaste de mi y te buscaste un nuevo camino, pero que importa, si yo también me busque el mío propio. No importa realmente lo que sucedió o como, solo que paso y ya. Solo importa saber que hoy me levante otra vez, que hoy amaneció otra vez el sol. Hoy se quebraron los viejos moldes y lloré la última lágrima de sangre por ti. Porque ya no mas tristeza, no mas oscuridad. Solo me queda tu recuerdo corazón, ese que eternamente perdurara en mi memoria y que retendré por siempre, porque a ti ya te deje ir.”

Dejame amarte

“Déjame amarte en silencio. Déjame amarte en la distancia. Déjame amarte en la soledad. Déjame amarte en el día y en la noche. Déjame amarte entre susurros olvidados y suspiros perdidos en el viento. Déjame amarte entre las lágrimas del alma y las sonrisas del corazón. Déjame amarte entre besos robados y regalados, entre risas alegres y llantos desesperados. Déjame amarte sin medir el tiempo o la intensidad con la que lo hago, solo déjame amarte como soy capaz de hacerlo, e intentar amarte un poco más cada día. Tan solo déjame amarte hasta que ya no pueda hacerlo, déjame intentar amarte hasta la eternidad. Eso es lo único que te pido, lo único que necesito. Por favor déjame amarte, olvidando quien soy. Olvidando mis temores y los prejuicios que nos separan. Permíteme amarte como solo yo puedo hacerlo. Permíteme amarte ahora y siempre. Permíteme compartir contigo este día. Este que es tu día. Permíteme amarte hoy, en tu cumpleaños, prometiéndote el amarte hasta que llegue mi muerte.”

Como te recuerdo

“Tengo los ojos cerrados, paro aun así te veo perfectamente. Tu piel tan blanca y tan pura, la cual es fría al contacto pero que es capaz de transmitirme tanta calidez cuando lo necesito. Veo tus brazos, siempre abiertos para mí, siempre fuertes y capaces de acunarme en ellos, cuando me siento desfallecer. Tus piernas, tan resistentes que son capaces de acompañarme por mi paso por el mundo y para correr a mi lado tras cada uno de los sueños que hemos construido juntos. Recuerdo perfectamente tus ojos, que siempre me comprenden en silencio, me consuelan, me trasmiten esa confianza que es tan valiosa en ciertos momentos y me siguen por donde quiera que vaya. Recuerdo tu boca. Esa boca que es tan sensual y tan jugosa. Esa boca, de cuyos labios salen las palabras justas para trasmitirme tanto y que me hacen suspirar embobada, aquella cuya sonrisa derriba mis barreras y me hace sonreír de vuelta completamente sumida en mis pensamientos y te encanta hacerlo para ver como me descontrolas con algo tan mínimo y aquellos labios que saben a té y a hierbabuena, los cuales me hacen delirar en cada beso. Puedo ver en mis memorias tu espalda ancha, la cual es capaz de cargar a cuestas tus sueños e ilusiones. Rememoro tu pecho, en el cual me pierdo cada vez que te abrazo, y que me dice tanto, al poder sentir el desbocado latir de tu corazón. Veo tus oídos, que están prestos para escucharme cada vez que te hablo. Veo tus mejillas, siempre suaves y sonrojadas por el frío. Veo tu mentón, tan varonil como tu y que siempre encuentra apoyo entre mi hombro y mi cuello. Recuerdo tu cabello, tan negro como la noche y tan suave que me invita a jugar con él cada vez que puedo. Pero no solo veo tu físico, también puedo ver tu alma. Veo aquella persona que es mi brújula, mi camino y mi compañero. Eres mis sueños y mis deseos. Eres mi vida y mi aire. Eres, al final de tantas cosas, mi todo y mi nada.”

martes, 28 de agosto de 2007

“Escúchame. Escúchame de una vez por todas, porque solamente hoy puedo ser libre, solamente hoy puedo ser valiente y arriesgar mi mañana. Solamente hoy puedo ser quien quiero ser y no quien soy. Solamente tengo el día de hoy para mejorar y luego retornar a ser como soy. Escúchame atentamente, porque después de esto, nada volverá a ser como antes. Nada podrá regresar, ni los momentos felices, ni los momentos tristes, porque ahora todo hace parte de las memorias, de los recuerdos, de todo aquello que fue y jamás volverá. Porque así tenían que ser las cosas. Porque es mi deber y mi razón. Porque es lo mejor para ti, aunque para mi sea la muerte más cruel y lenta. Porque simple y sencillamente te amo. Porque deseo lo mejor para ti. Deseo verte sonreír una última vez y deseo que seas feliz. Quiero que rías y que vivas sin miedo, quiero que disfrutes de tu libertad, la cual yo ya no poseo. Tan solo te pido que me recuerdes, que en algún lugar de tu mente, mi recuerdo viva eternamente, para decirte que siempre habrá alguien que te ame con locura y con tal devoción que ha sido capaz de dejar de vivir por verte feliz. Si, he dejado de vivir, porque mi vida eres tú y más nunca podré estar aquí, junto a ti. Solo me queda conformarme con memorias de momentos hermosos y perfectos, con sonrisas perdidas en el tiempo y el espacio, y el sonido de tu voz, que siempre me acompañará como la voz de mi conciencia. Porque eres mi rosa de los vientos, porque eres mi guía. Porque eres mi todo y mi nada. Porque muero en tus lágrimas y vivo en tus sonrisas. Porque quiero ser el aire que respiras, pero me han negado ese derecho, para solo poder verte a lo lejos, para poder solo tenerte en sueños, para solo amarte en silencio. Y ahora me tengo que ir. Y aunque me veas marchar lejos de ti, mi corazón siempre estará contigo. Acompañándote en silencio toda tu vida, cuidándote siempre y revolucionándose con una sencilla sonrisa. Cuídate mucho, y recuérdame. Por favor, recuérdame. Porque yo te puedo asegurar que tu recuerdo vivirá eternamente en mi memoria, porque tú estas tallado en mi corazón y en mi pupila. “

Te Regalo

“Te regalo mis mañanas para que los rayos de sol te despierten con su suave caricia y pienses que soy yo quien lo hago. Te regalo mis tardes para que las utilices cuando quieras y como quieras. Te regalo mis noches, para que la luz de la luna dance sobre tu piel y te haga lucir etéreo. Te regalo mis manos para que te ayuden a levantarte cada vez que te tropieces y caigas. Te regalo mis brazos para que te sostengan tus sueños y tus metas. Te regalo mis piernas para que caminen a tu lado y te sigan por donde quiera que vayas. Te regalo mi voz para que grites cuando creas que es necesario hacerlo. Te regalo mis ojos para que te veas, como yo te veo. Te regalo mis lágrimas para que llores por las personas perdidas y por tus alegrías. Te regalo el aire que esta en mis pulmones para que tengas que respirar conmigo. Te regalo mis alegrías porque son tan mías como tuyas. Te regalo mi sangre para que corra por tus venas y sea parte de ti. Te regalo mi corazón para que lata en tu interior y te mantenga vivo. Te regalo mis pensamientos, en los cuales tú eres el protagonista. Te regalo mis suspiros, que son cada uno de los besos que no he dado, y así seas dueño de todos y cada uno de ellos. Te regalo mis sueños para que los logremos juntos. Te regalo mi alma para que siempre te acompañe. Y por último, te regalo mi vida para que más nunca nos separemos y así poder morir a tu lado.”

lunes, 20 de agosto de 2007

“Creo en mis letras que transmiten lo que quiero que expresar. Vivo entre mis palabras, que indiferentes a ello, plasman mis recuerdos en frases que pueden ser compartidas. Muero con cada letra y renazco en la siguiente, para que así poderles dar una parte de mí y de mi alma a cada una de ellas. Escribo con mi sangre cual roja y rebosante, cada uno de los signos, cada uno de los puntos, dándole valor a mis pensamientos y cada uno de los mismos son los latidos rítmicos que le he robado a mi corazón y a mi vida, para traspasarlo al papel y así podértelos regalar, sin pesares y sin contratiempos. Para que puedas llevártelos contigo, a cada lugar que vallas y cada momento que quieras. Porque con cada una de mis letras, te llevas entretejidos cada uno de mis sueños, los cuales te regalo sin demora ni remordimiento. Para que tengas algo que te haga recordarme, algo que te haga sonreír en la distancia y en la soledad. Algo que te haga pensar en mí. algo que te haga quererme más de lo que ya me quieres.”
“Te pienso todo el tiempo y te veo en mis recuerdos, bañados de azul y de negro. Te siento en mi soledad y te escucho en cada uno de mis silencios. Te vivo en encierro o en compañía, te respiro con el aire que inhalo y te siento dentro, junto a cada latido de mi corazón. Porque allí es donde vives, ahí es donde habitas cuando estas lejos o cerca, porque allí es donde te percibo, porque allí es donde estas sumergido. Porque eres parte de mí y yo de ti, porque yo también habito en tu interior, porque hago parte de tus sueños e ilusiones, como tu haces parte de los míos. Porque soy parte de tus suspiros, como tu eres cada uno de los míos. Porque te amo y sé que tu haces lo mismo.”

“Sé que no hablo. Sé que poco a poco mi voz se va perdiendo entre los límites del olvido. Pero que puedo hacer, si soy esclava de mis propias palabras y libre en mis silencios. Por eso dime, ¿Cómo hago para que mi voz no me traicione y diga algo que no deba decir? ¿Cómo hago para explicarte que no hablo por miedo a que mi voz me fallé en cualquier momento y te diga algo que no creo o que no debes conocer? Por esa razón callo. Callo cuando hablas, cuando me miras, cuando ríes, cuando lloras, cuando duermes. Y también callo cuando suspiras. Callo porque no se que decirte, callo porque no encuentro las palabras que logren transmitirte lo que siento, callo porque no quiero perderme ninguna de tus expresiones, callo porque deseo llevar el peso de tus penas, tus problemas y tus culpas sobre mis hombros. Callo porque te quiero esculpir por completo en mi memoria, callo porque quiero robarme tu dolor y tus penurias. Callo porque lloró con tus lágrimas y vivo entre tus sonrisas. Callo porque memorizó cada una de tus frases y el sonido de tu voz. Callo porque si hablo no soy capaz de sentir, no soy capaz de amar como debería hacerlo y eso es algo que no me puedo permitir, porque es un sacrilegio el no amarte como lo hago, porque es pecado el no valorarte y sobretodo, me es imposible el no callar cuando estas a mi lado por la cantidad de sensaciones que me llenan y que me ahogan cuando te tengo cerca. Por eso callo, por eso te observó y por eso, te amo…”

Redescubriendome

“Llovía. O si, llovía y mucho. Gotas de agua golpeaban sonoramente al caer al suelo. El cielo estaba nublado, y a pesar de ser de la cantidad de agua que caía, algunos traviesos rayos de sol se escabullían entre las nubes, llegando a la tierra y al mar. Acariciándolos con suavidad, en una promesa implícita de volver a estar juntos, volver a entremezclarse, volver a ser semejantes y a la vez, contraparte. De dejar de ser cielo y mar, para ser uno solo. Las gotas golpeaban el mar, salpicando y rebotando al chocar. En la playa, las gotas de agua se perdían en la arena clara, para fundirse que la salina del mar. De un momento, el sonido de las gotas era acompañado por el retumbar de los tambores. Aquellos mismos tambores que acompañaron a los negros en su esclavitud, aquellos que mostraban su esencia, su alma, su ser. Porque transmitían más de lo que se puede imaginar, porque explicaban más de lo que éramos capaces de entender y porque nos mostraban más de lo que deseáramos ver. El retumbar de los tambores, llamaban a sus hermanas, a las gaitas, para que los acompañaran en tal ocasión. Poco a poco el llamado fue escuchado y hubo respuesta. Las gaitas comenzaron a sonar siguiendo el compás marcado por la lluvia y los tambores. Música ancestral, música nacida del instinto y de lo más profundo del ser. Podía escuchar perfectamente esa sinfonía tan primitiva y tan emotiva, que era capaz de despertar tantas cosas en mí. Me olvide de mis prejuicios y de mis miedos. Me olvidé de mis pesares y de mis problemas, me olvidé de mis heridas y de mis amores perdidos, olvidé el dolor y solo pude concentrarme en el sonido de la música y de sentir como mi corazón lo seguía. Una fiesta de tambores, eso era. Una fiesta de tambores, gaitas y voces bajo la lluvia torrencial. Bajo los escasos rayos de sol que se filtraban y fusionándose con la naturaleza y con el ser. Fusionándose conmigo y con todo aquel que escuchara la canción, para llenarlo de fe. Y llenándome a mí también de fe. Cerré mis ojos y me deje llevar, olvidé el color de mi piel, olvidé el color de mis ojos y de mis cabellos, y solo me concentré en sentir y en vivir. Mi cuerpo fue un instrumento, un instrumento para trasmitir lo que mi alma pedía a gritos y me había negado a escuchar con anterioridad. Olvidé todo lo que me ataba y me permití ser yo misma, me permití creer en mí y olvidar los pesares y las dudas. Me fusioné con la naturaleza, y me hice uno con el todo, y a la vez con la nada. Porque no pertenecía a ese lugar, pero por primera vez en mi vida sentí que ese era el lugar que debía encontrarme. En esa hermosa playa, a orillas del mar y con la lluvia mojándome por completo, mientras mi cuerpo seguía la pauta impuesta por la naturaleza y que era seguida por los tambores y las gaitas, reconociendo mis raíces. Reconociéndome a mi misma. Se que extrañaré esto, y que extrañaré todas estas sensaciones. Extrañaré el verme reflejada por un simple compás, el reconocerme entre las olas y el viento. El redescubrirme entre la lluvia y la arena y la tranquilidad que respiro en medio de mi soledad. Se que lo extrañaré, pero también soy conciente de que jamás podré olvidarme de ello, ya que hace parte de mi. Jamás podré separarme de nuevo de lo que hoy descubrí, y eso me hace sonreír.”

Quiero Irme a Dormir

“Quiero irme a dormir, para poder soñar con tus labios y probarlos, así sea entre anhelos. Quiero irme a dormir para poder abrazarte y perderme entre tu calor y el acampanado latir de tu corazón. Deseo levantarme de tu piel junto a la mía, eternamente. Anhelo morir entre tus brazos, después de haber probado por última vez tus labios. Quiero hablar con tu silencio, respirar con tu mismo aire y beber con tus labios. Tan solo déjame soñar una última vez contigo, mi amor. Y así, aunque sea solo en mis sueños, seré completamente feliz. “
“Escúchame, entiéndeme, compréndeme. O al menos has el intento. No ves todas las marcas dejadas por las lágrimas que están en mi rostro. No logras notar lo hinchados que están mis ojos y mis labios, los cuales están cansados de mí y de ti. Como eres capaz de ver el dolor en mis pupilas o de percibir la angustia en mi voz e ignorarlo. ¿Como puedes ser tan cruel y pasar de largo cuando me ves? No entiendo, y no quiero entender. Intentó salir adelante, pero tú siempre te llevas mis esfuerzos. Trato de continuar, pero el recuerdo de tu voz me sigue a todas partes. Por favor, perdóname por ser débil. Perdóname por amarte como lo hago, perdóname por no poder superarte y dejarte marchar como tú quieres. Pero es que me es casi imposible, cuando tus recuerdos tiñen los segundos que vivo y todos los lugares que visito. Me siento tan insignificante, me siento tan perdida. ¿Qué soy yo para ti? Dime, que soy. ¿Soy un recuerdo del pasado? ¿Un error cometido o un simple desliz en tu vida? Por favor dime, dime quien y que soy. Dime que soy para ti. Para ver si con eso, termino de caer en el profundo pozo donde me dejaste. En la eterna oscuridad que me acompaña y me cuida. Por favor, explícame que soy. Es que no me extrañas o es que nunca me notaste. ¿Valió la pena todos los sacrificios que hice por ti? ¿Valió la pena dejar de lado todo, para seguir una ilusión? No. No valió nada. Todo fue un desperdicio, al igual que lo son cada una de mis lágrimas. Ya solo me queda ver el tiempo pasar y esperar a que esta herida cicatrice. Ahora solo me queda alejarme de ti e intentar olvidarte. Solo me queda perderme entre el tiempo y no volver jamás. Ahora solo me queda, perdonarme. Porque a ti, ya te he perdonado.”

Otro Día Mas

“Otro día más. Otra mascara ante el mundo. Otro día que pasa y otra memoria que se archiva entre mis recuerdos perdidos entre el papel y la tinta. Otro suspiro ahogado al verte en la penumbra y otra exhalación sonora al sentirte más cerca de lo debido. Como mantenerte entre mis dulces recuerdos si te niegas a ser uno de ellos. Como guardarte en algún lugar profundo de mi mente, si tú te niegas a alejarte de mí. Como perderte de vista, si tu rostro esta sobre el mío y recortando la escasa distancia entre nosotros. Como mantener la cordura después de un encuentro contigo. Como recuperar el tranquilo latir de mi corazón, si aun sigue latiendo desbocado, horas después de haberte visto. Y como dejar de pensarte si aun siento tus labios sobre los míos y el sabor de tu boca.”

“Es difícil sopesar las verdades. Es difícil abrirte al mundo y dejar ver quien realmente eres, sin miedo de ser prejuzgado. Es complicado el viajar en contra vía por toda tu vida y sentirte perdido en medio de la multitud. Es complicado, y yo lo sé. No es fácil el tener que seguir tu camino y ver como te hacen a un lado. Pero en esos momentos, creo que lo mejor es agradecer el tener a alguien a mi lado. Es en esos instantes donde agradezco a la vida el que nuestros caminos se cruzaran en aquel instante efímero, en aquel lugar perdido en el tiempo. Es en estas circunstancias donde le veo el valor a una sonrisa, el valor a un abrazo. El valor a un amigo. Es por ello, que lloro cuando lloras. Que río cuando ríes y sueño cuando sueñas. Para compartir contigo todos los momentos de tu vida y hacerlos parte de la mía. Para ser parte de ti y tú seas parte de mí. Para asegurarme de que nuestros caminos no se separaran más. “

viernes, 22 de junio de 2007

Nose

“No se que pensar, no se que decir, no se que creer. Estoy confundida. Mi mente me esta jugando una mala pasada y parece que el mundo estuviese de acuerdo con ello. Mi mundo esta de cabeza y siento que mis pies no son capaces de sostener mi peso. Quiero creer en algo, quiero soñar, quiero desear. Pero no puedo, no debo y no creo hacerlo. Simplemente soy una mariposa sin norte, soy una rama que es mecida por el viento y no se decide a donde ir. He perdido mi camino, he perdido mi luz. Ahora solo vago entre penumbras. Ahora solo camino en medio de la soledad y del silencio, sin escuchar voz alguna, sin sentir frío o calor. Sin sentir nada. Todo me es indiferente, todo me es igual y carente de valor. Ni siquiera mi voz me acompaña en el camino. Mis ojos me abandonaron hace tiempo, mis labios se sellaron con una promesa rota y mis manos perdieron toda sensibilidad por la sangre que escapaba de mis venas. Ahora solo soy un cuerpo sin vida, un cuerpo sin sangre, un cuerpo sin alma. Poco a poco mi mente me engaña con mayor facilidad. A cada minuto, se pierde mi humanidad y solo queda un remedo de ser humano. Mi sonrisa se perdió en el tiempo. Las palabras ahora me son desconocidas para mi garganta, ya que hace mucho tiempo que no las pronuncio. Solo son recuerdos perdidos en mi memoria. Solo son retazos de olvido regados en los cajones de mi mente. Solo son frases vacías, cuyo significado ni yo recuerdo. Ahora, solo debo seguir. Solo debo esperar a que todo se pierda. A que todo se olvide. A que me olviden. Solo debo esperar a ser un nombre mas en una lapida. Un registro de defunción en alguna morgue o en alguna funeraria. Solo debo esperar a ser nadie.”

Háblame

"Háblame entre sueños. Háblame entre susurros, que quiero que tu voz sea lo último que escuche y lo primero que me llegué al abrir los ojos. Quiero perderme entre el aire que exhalas y el que respiras. Quiero fundirme con las gotas de lluvia que tocan tu rostro y lo recorren en una suave caricia. Quiero sentir la calidez de tu cuerpo, mientras me abrazas en las frías tardes de diciembre. Háblame ahora, que siento que estoy perdida. Háblame en este momento, donde nada más que tu voz podría sacarme del poso donde me encuentro. Susurra mi nombre, como suave caricia y así libérame de todo el dolor que afecta mi corazón. De todo el sufrimiento que aflora mi alma. Susurra mi nombre, una y otra vez, mientras mis labios se entreabren para pronunciar palabra alguna. Háblame y responde a mi suplica silenciosa. Dime aquello que necesito escuchar, dime aquello que debo recordar para poder seguir adelante. Háblame entre la oscuridad, para que tu voz me guíe entre la penumbra. Háblame una y otra vez, para que en mi mente se grabe el eco de tu voz y no lo olvide nunca. Háblame una y otra vez hasta que te canses y ya no puedas pronunciar palabra. Háblame una y otra vez, hasta que mis oídos no puedan escucharte y me toque esperarte en el otro mundo, para así poder escuchar tu voz, eternamente."

jueves, 19 de abril de 2007

“Mentiras, todo esto son blasfemias. Dijiste un día una gran cantidad de barbaridades, barbaridades que te creí por ser tú, por ser todo y a la vez nada, por ser mi equilibrio interno. Pero de que sirvió esto, si a final me derrumbaste. Vi mis anhelos caer, tal cual castillo de naipes, mientras veía como poco a poco, se movían al son de viento en esa danza tan ligera, tan imperceptible que casi no logro ver. Pero sabes, desde entonces, las cosas han cambiado, ya no somos los mismos ya no soy quien era antes. Ya no me refiero a mi misma como esa viajera errante. No, ya no vale la pena escuchar esta sorda de engaños, esta cantidad de mentiras que quieres entretejer a mi alrededor para tratar de mostrarme otra realidad, una mas acorde a tus deseos. Lastima, ya no puedes. Ya es demasiado tarde para ello. Ya hay alguien más. Alguien que me vio caer, que me vio descender hasta el hades y me ayudo a levantar. Alguien que le devolvió la tierra a mis pies para que me mantuviera firme. Y ese alguien me pertenece, como yo a él.”

Una vez en diciembre

“Recuerdo una vez, entre las frías noches que cubren mi ciudad natal en diciembre, los acordes de una canción. Una canción que lograba tranquilizar mi perturbada alma y mi triste corazón. No entiendo como puedo conocer la letra y la melodía, si no recuerdo haberla escuchado en otro momento, pero siempre lograba darme la paz que tanto necesitaba. El suave murmuro de mi voz, mientras mi aliento se hacia visible por el frío, llegaba a despejarme las dudas que atacaban a mi corazón. Silenciosas lágrimas comenzaban a correr, cada vez que la entonaba, impidiéndome ver, pero no lograba percatarme, porque mis pensamientos se encontraban en otra parte. En esos momentos, el mundo perdía valor, y el tiempo carecía de noción. Tan solo quedaba yo, con mi canción. Una vez, en diciembre lloré simplemente recurriendo a esa melodía olvidada. Una vez en diciembre volví a necesitar de ella para preservar la poca cordura que me quedaba y así resistir a todo lo que me rodea. Una vez en diciembre lloré por mi, por mis recuerdos, por mis miedos, pero sobre todo, por perderte a ti.”

miércoles, 18 de abril de 2007

TE ODIO

“Te odio profundamente. Odio lo que representas. Odio lo que eres. Odio verte cada día con ella, hablando de banalidades y de insignificancias, ya que es lo único de lo que puede opinar. Odio escuchar tu voz cada vez que todo queda en silencio. Odio encontrarte mis pensamientos, cada vez que cierro los ojos. Odio saber que mi último pensamiento del día esta dedicado a tu sonrisa y que el primero se trata de tus ojos. Odio necesitar verte aunque sea para pelear contigo. Odio llorar cada noche al no saberte mío ahora y nunca. Odio sentirme deprimida por no ser quien esculpa la sonrisa en tus labios y no ser quien le proporciona ese brillo a tu mirada. Odio le no conocer el sabor de tus labios, ya que me han sido negados y de lo que estoy segura que deben saber a ambrosia. Odio no poder ser la persona que te cuida cuando enfermas, no ser quien esta a tu lado para ayudarte a levantar, no ser quien seca tus lágrimas con sus labios para que el veneno, que todos conocemos como dolor, me contamine. Odio ver morir el sol cada día, mientras que por mis mejillas corren orgullosas lágrimas- odio verme tragar todo el dolor y todo lo que siento, para no alejarte mas de mi. Te odio porque no te has dado cuenta de todo lo que siento. Te odio por las sensaciones que llenan mi cuerpo cuando estoy contigo. Te odio por ser quien eres. Te odio por ser lo que representas, la mejor muestra de que en la imperfección esta la perfección. Te odio por que te amo. Y sobre todas las cosas, te odio simple y llanamente, porque no soy capaz de odiarte.”

BY...
Nox...Poète d'âme obscure
“¿A que sabe el dolor? contéstame. ¿A que sabe el dolor que estoy sintiendo? No te quedes callado. Dime el sabor del sufrimiento que me carcome el alma. Puedo ver en tus ojos que no lo conoces, no sabes lo agrio que es. Tú no recuerdas su sabor. No reconoces la sensación que atraviesa tu cuerpo cuando esta presente. La sensación de tener el alma rota, el corazón moribundo y las penas teñidas de sangre. Ese, es el sabor del dolor”
“Susurras mi nombre en la penumbra, cuando crees que nadie te ve, cuando sabes que nadie te escucha. Temes ser descubierto y sentirte expuesto ante todos. Odias sentirte menos que los demás, o ser dependiente de algo o alguien. Pero sabes que no lo puedes controlar. Como detienes todas las sensaciones que llenan tu corazón, como le impides sentir, como no lo dejas amar. ¿Como detener el rítmico latir de él? Tratas incansablemente de extirpar todo lo que nace en tu interior, pero no lo consigues. Me odias por todo lo que creo en ti. Me odias por lo que te hago sentir, por lo que te hago pensar, por lo que te hago creer. Me odias por que me amas. Y me odias aun más, porque sabes que jamás me odiaras. Por eso te escondes cuando quieres suspirar, cuando quieres llorar o cuando quieres soñar despierto. Te ocultas tras una mascara o en algún rincón del planeta, para que nadie vea tu realidad. Pero, sabes, yo te veo. Yo te escucho y yo te acompaño. Porque yo también te odio por no ver lo que hay frente a ti. Te odio porque no eres capaz de quitar todas las barreras que nos separan. Te odio por no ver a través de mi mirada. Te odio, por no saber lo mucho que te amo y te necesito.
“Quémate en mis labios. Mézclate con mi piel para desaparecerte de la luz pública y ser yo la única persona que sepa donde te encuentras. Respira mi aire, para que sobrevivas conmigo. Bebe de mi sangre, para que por tus venas fluya mi esencia. Estréchame entre tus brazos, para que descubras todo lo que guardo en mi alma. Habla con mi voz, para que tu grito de dolor y de alegría sea el mismo que el mío. Llora con mis lágrimas, para que sean mis ojos los que paguen por tu sufrimiento. Usa mis pulmones, para hiperventilar cuando sientes que el aire del mundo no es suficiente. Ya que yo también utilizare los tuyos. Yo utilizare tus ojos para llorar. Serán tus ojos los que muestren el dolor de la perdida. Será tu mirada la que quedará opaca cuando te vayas lejos de mí. Será tu sonrisa la que escape de tus labios, para que la mía regrese mientras mi corazón llora, junto al tuyo, pero las lágrimas derramadas, serán prestadas por ti.”

AUN

“Han pasado bastante tiempo desde la última vez que te vi. Han pasado tantas cosas y hemos cambiado tanto que ya simplemente somos otros. Son años sin verte, sin sentir tu presencia y sin escuchar tu voz, pero aun así, todavía vive en mí el recuerdo del olor de tu cuerpo. Aun habita en mí la esencia de tus labios, cada vez que rozaban los míos. Aun me persigue el sonido de tu voz, cada vez que el viento sopla, ya que puedo escucharte susurrarme palabras de amor entre el silencio auto impuesto y que solo es quebrado por la misma naturaleza. Todavía puedo sentir el calor que emanabas cada vez que me abrazabas. Ya que, todavía, vives en mi.”
Cuando al anochecer, la luna aparece, las marcas de mis lágrimas siguen presente sobre mi piel como fiel testimonio de mi llanto. Quiero amarte, quiero adorarte, pero a la vez es una condena el sentir todo lo que siento por ti. No es fácil estar encadenado a un sentimiento tan fuerte, sin posibilidad de escape. Se que esta noche vendrás a este lugar. Buscándome. Como lo haces cada vez que el sol muere, dándole paso a la oscuridad, oscuridad solo comparable a la que esta cubriendo mi alma. Pero esta vez, no me encontrarás. No estaré esperándote como suelo hacerlo, no estaré desesperada mirando por la ventana, esperando ver algún indicio de tu llegada. No. Ya no más. Ya no estaré muriendo minuto a minuto en vela viendo como el tiempo muere frente a mis ojos mientras sigo esperando, porque esta noche estaré lejos de este lugar. Esta noche romperé todas las cadenas que me atan a permanecer en este lugar. Esta noche partiré lejos del dolor, lejos de la melancolía, lejos de ti. Esta noche, volveré a sentarme frente a la ventana, pero esta vez será diferente. Esta vez, veré el mismo cielo que tu, pero sin la sensación de espera o de ansia. Esta noche, tan solo lloraré por ti, por todo lo que he dejado atrás, pero sin lamentar lo que he hecho.

miércoles, 14 de marzo de 2007

El viento golpea las ventanas de mi habitación, las gotas de lluvia marcan un sonoro compás que me persigue por donde quiera que vaya. Camino en círculos en la mitad del cuarto, desesperada por no poder controlar mis emociones. La tormenta que se ciñe fuera de esta edificación, no es nada en comparación a la que se esta desatando en mi interior. ¿Cómo enfrentarse al mundo sino no poseo las fuerzas necesarias? ¿Cómo prevalecer y continuar mi camino, si todo me ata a esta situación? Dios, ayúdame por favor. ¿Cómo puedo mirar a los ojos a los demás si les he mentido, además de haberme mentido a mi misma?
“Besé tus labios con suavidad, temiendo despertarte de ese calido sueño. Pero lo hiciste. Me quedé petrificada, mientras tú sonreías, sonreías orgulloso por mi reacción. En ese momento pensé que eras un vanidoso, pero eso no aplaco el calor que sentía en mi rostro. Me volviste a besar, embriagándome con el sabor de tus labios, y haciendo que toda la timidez y el pudor que existe en mí, fuera encarcelado en lo más profundo de mí ser. No sé en que momento pasó, pero sentí que mi cuerpo no podría mantenerse sereno, cuando comenzaste a recorrer mis labios, trazando líneas invisibles y palpitantes con tu lengua. Luego, en silencio me pediste permiso para tomar más de mi boca, para tomar más de mí. Te permití conocer cada uno de los secretos de mi boca, para luego sufrir, con anhelante exquisitez, mientras mordías levemente mi labio inferior, haciéndome estremecer, antes de separarnos. Quise retomar el aire que se había escapado de mis pulmones, pero en ese momento sentí que ni todo el aire del planeta era suficiente. Pero parece que para ti si lo era, porque nuevamente me volviste a besar antes que yo pudiese reaccionar.”
“Mira a través de mis ojos y describe que hay en ellos. Adéntrate en mi alma y surca entre mis pasiones y temores. Duerme junto a mis sueños y respira mi mismo aire. Vuela con las alas de mi esperanza y bebe de la copa de mis anhelos. Te abro cada uno de los rincones de mi ser. Te dejo libre para que huyas de mi, pero te quedas, te quedas aquí, justo dentro de mi.”

“Déjame vivir entre tus alegrías, y morir junto a tus lagrimas. Déjame rozar tu piel cuando el viento sopla. Permíteme perderme entre el aire que exhalas y entre la luz que llega a tus ojos. Pero sobre todo, déjame perderme entre tus cabellos, para acariciarlos mientras duermes. Y déjame resignarme a vivir y morir en tus labios…”
“Son tantos los momentos felices que llegan a mi mente. Son tantas las sonrisas que nos regalamos. Y tantas las risas que surgían de nuestras bocas. En este momento estoy mirando al cielo, a través de mi ventana, recordando la noche en que te conocí. Quien diría que en una noche semejante encontraría a una persona tan especial. Una sonrisa surge en mis labios instantáneamente, mientras, ante mis ojos, aparecen cada uno de nuestros momentos juntos. Me causa gracia pensar en lo que logra hacer pequeños accidentes como los que propiciaron nuestro encuentro. El que te encontrases perdido por esta parte de la ciudad y que un trío de niños, fueran en tu ayuda. Los designios del destino son muy extraños. Pero eso hace más interesante a la vida.”
Hay días en los que no quiero que amanezca. Hay días en los que siento que no puedo parar de llorar, aunque ni una lágrima se asome por mis ojos. Hay días en los que quisiera perderme de todo y de todos, en los que sólo pudiese encontrarme con esta fría soledad que llena mi corazón. Pero no se como lo haces, pero logras mostrarme en un solo segundo, todo lo bueno que tiene el mundo para ofrecerme. Todo aquello que parece negado para mí, se abre ante mis ojos, con solo estar a tu lado. Son en esos momentos, donde siento tus brazos alrededor de mí. Enseñándome una nueva forma de vivir. Y no sólo regalándome apoyo en silencio. Sino, dándole calor a este frío corazón. Cediéndole un soplo de vida, a una existencia de por si marchita. Como solo un amigo, puede dar. “
“Recuerdas cada una de las noches, cada uno de los amaneceres del alma, cada uno de los ocasos frente al mar de nuestros sueños. ¿No? Bueno, yo estoy aquí para hacértelo recordar. 10 años han pasado, 10 maravillosos años a tu lado. Son 10 primaveras llenas de esperanza, 10 veranos con ilusiones cumplidas, 10 otoños apasionados y 10 inviernos completamente cálidos. Qué felicidad me da al recordar cada uno de los momentos a tu lado. Rememorar cada uno de los besos robados, las caricias compartidas. El revivir los sueños mientras son bañados con sudor y con éxtasis, cuando nuestras almas se hacían una y nuestros cuerpos volaban hasta el cielo, tocando las estrellas y fundiéndose con el universo. El saber que ya no somos dos, somos un solo ser, un solo yo.”
“Teníamos que ser hombres. Teníamos que ser los seres más dualistas de la naturaleza. No merecemos ser llamados Homo sapiens sapiens. Fue muy apresurado hacer tal afirmación. No me siento capaz de dar un juicio sobre si algún día lo seremos, ya que todo esta ligado a nuestro actuar, pero puedo afirmar sin temor a equivocarme que la dualidad del hombre nos causará los más grandes problemas, los cuales son inimaginables. La perfección de la que nos orgullecemos, es justamente la mayor de las muestras que podemos dar de nuestra inferioridad. Hemos querido diferenciarnos de los animales con notable insistencia, buscando excusas para vernos más grandes de lo que somos, al ver, nuestro reflejo en el agua. Pero la triste realidad es, que el hombre se engaña a si mismo. Somos inferiores a otros seres vivos, a pesar de estar dotados de razón, la cual es silenciada por nuestra avaricia y nuestra arrogancia.”
“Frente a mis ojos, la eternidad, perfecta y majestuosa, se exalta. Se que no tiene sentido todo lo que digo, o mas bien, como lo digo, pero eso no me importa. Mis ojos están fijos en este precioso atardecer que me regaló la vida. Uno más para la cuenta, uno más para mis más profundos sueños. Sonrió tranquilamente mientras veo, como el sol se pone detrás del mar. El agua moja mis pies y una sensación de paz llena mi alma. Llevó años haciendo lo mismo. Todos los días me siento en el mismo lugar, frente al mar. Se que no es fácil de comprender, pero al menos hago el intento de explicar. La noche cubre casi por completo todo con su oscuro manto, mientras que la luna brilla hermosa y clara. Una sonrisa melancólica se posa en mi rostro. Todo vuelve a ser como aquel día. El mar, siempre impredecible, esta subiendo. El agua moja el borde de mi falda, pero no me importa. Tan solo quiero durar un poco más en este lugar, antes de tener que regresar a mi triste realidad. Siento que alguien se acerca a mí. No tengo necesidad de girarme para saber de quien se trata. Unas pequeñas manitas me abrazan y me trasmiten su calidez. Escuchó un suave “Mami, vamos a casa” e inmediatamente me colocó de pie. Una sonrisa llena de felicidad se encuentra en mis labios, mientras tomo en mis brazos a este pequeño rayo de sol que bajo de la eternidad para hacerme compañía. Compañía mientras espero tu regreso.”
"Vivimos engañados por nosotros mismos. Vivimos atados a cadenas que nosotros nos pusimos en nuestros pies y manos. Vivimos atormentados y clamando libertad, cuando nadie y nada, excepto nuestra propia mente, nos mantiene atados. Buscamos gritar a todo pulmón que somos libres, pero nuestros temores nos amordazan fuertemente. Intentamos extender nuestras alas y llegar a los cielos del destino, pero las pobres han sido mutiladas por nuestra inconsistencia y nuestra falta de carácter. Liberémonos de nuestra tortura, liberémonos de nuestra propia opresión y respiremos tranquilamente por primera vez. Disfrutemos de la vista que hay enfrente a nosotros, un cielo lleno de posibilidades. Ahora tan solo debemos esperar a que nuestras plumas vuelvan a crecer, para así, poder extender el vuelo y no volver a atrás."
"Cuando caminamos el largo recorrido que nos lleva al autodescubrimiento, somos acechados por nuestros demonios internos. Los cuales son solo las fabulas y fantasías que marcaron nuestra niñez… pero con las que crecemos y nos forjamos a partir de ese peculiar molde. Nuestras almas claman libertad, para tomar la forma que les plazca, pero nosotros nos encargamos de atraparlas entre los parámetros de lo imaginable y lo tangible… Somos unos insensatos. No somos capaces de ver aquello que esta frente a nosotros, por perdernos en pequeñeces. Andamos con miedos y recorremos el camino, sin disfrutar del paseo. Y nunca queremos preocuparnos por algo más allá de lo que nos ha sido otorgado, al estar obnubilados con trivialidades y sin encontrar el verdadero tesoro que la vida nos regala. Sin lograr tocar la luna, el sol y las estrellas en nuestro viaje, para tan solo apreciarlas desde abajo por el miedo de alcanzarlas… Que tristeza, esta es la condición humana, una compleja red de vicios y terrores”
“La razón de nuestros actos, son las más grandes pruebas de la fortaleza de nuestro carácter y la verificación de la educación recibida. Tan solo somos las impresiones de lo que la sociedad quiso que fuéramos, pero que no logramos llegar a ser. Vivimos pensando en los hubiera, en lugar de lo que esta sucediendo y de lo que podemos llegar a ser. Nuestra mente esta encerrada en el pasado, tratando de corregir momentos que no volverán. Malgastando el tiempo, que es tan efímero, en lamentar los malos juicios que hemos dado y pagando nuevamente la culpas ya expiadas”

pensamientos en sepia

“Quiero regalarte un espacio, quiero regalarte un silencio… y al dejarte volar libremente. Deseo que te lleves mis lágrimas y mis recuerdos contigo. Quiero que te lleves aquello que me ata a ti, y que lentamente me envenena. Tan solo espero verte sonreír una última vez, y poder verte amar. Aunque esto signifique, la más cruel de las torturas y la más agónica de las muertes. Quiero ser libre de este secreto que me quema en silencio, quiero ser libre de esta tortura que me alegra, a la vez que me condena. Te amo infinitamente, pero no puedo gritarlo a los cuatro vientos. Este amor me hiere y me lastima fuertemente, al tenerlo guardado para mi solamente.”

"Tengo que resistirme a la tentación de tus labios, a la cual soy adicta. Debo soportar la agonía de haber conocido tus caricias, y ahora no sentirlas. ¿Cómo puedo sobreponerme a haberte poseído y haber sido poseída por ti, para más nunca volver a serlo? Triste y cruel es el destino que me depara el futuro, insoportable es la agonía de amarte y ya no tenerte. Tan solo me queda de ti, el recuerdo de tu piel sobre la mía y la realidad que es nuestra pequeña Elizabeth, quien es tu vivo reflejo. Gracias por amarme y por permitirme amarte, ahora debo seguir adelante con el bello recuerdo de tu cuerpo junto al mío al amanecer del tiempo…"

“El camino me ha traído hasta aquí. Llevo años andando y descubriendo mi realidad, mi carácter. Preparándome para este momento. Hace tanto tiempo que deseaba estar así, a tu lado, que a veces pienso que todo esto es algo efímero. Busco en tus ojos, algo que me asegure que esto es una realidad, nuestra realidad. Busco en tus labios, todas aquellas promesas que en algún momento hiciste, y que yo aun espero ver cumplidas. Busco en tus manos, todas las esperanzas que he depositado en esta relación y busco en tu voz, el clamor de este amor que me trae a la realidad, a mi realidad.”
"Hola amor mío. Nuevamente nos encontramos. Nuevamente en este lugar, otra vez en mis sueños. El sabor de tus labios me aturde, y aunque es un furtivo contacto, me tiene anonadada. Mi corazón saborea el momento, como si el tiempo hubiese detenido su paso por este lugar. Estamos aquí, en mis sueños, y siento el calor de tu cuerpo al abrazarme eternamente. Pero es una ilusión, que se acaba al amanecer"
"Sabes que te amé hasta mas no poder, hasta que mi corazón se agotó de tanto latir. Hasta que mi cuerpo no pudo dar más de si. Hasta que la última lágrima dejó de correr por mis húmedas mejillas. Contigo murió la ilusión, falleció la esperanza de salvarme, salvarme… de mi misma"
“Triste fue el final, doloroso fue el despertar y percatarme de que ya no estas al amanecer. Y aunque desperté, gran parte de mí, permanece soñando todavía en la cama. Como deseo regresar a esos días, donde nuestros sueños se fundían en uno solo, en los cuales nuestros corazones palpitaban siguiendo un mismo compás, donde nuestros ojos no podían ver más allá de nosotros. Que duro fue regresar a la realidad y saber que ya no estas aquí, a mi lado. Que espantoso es recordar, que no soy yo quien coloca esa sonrisa en tus labios y que ya no soy tu alegría. Saber que me he convertido en un recuerdo marchito entre las páginas de un libro y entre las fotos de un álbum. Un recuerdo que se empolva en tu memoria y en tu corazón. Un recuerdo que te ama y muere lentamente por ello, perdiéndose en el tiempo y en el universo…”
“Maldito Seductor que me ha atrapado. Demoníacos besos que anulan todo sentido, toda defensa. No entiendo como el destino pudo llevarme hasta a ti. Eres la más dulce de las maldiciones y la más placentera de las agonías. Te deseo, te deseo intensamente. Puedo percibir tu lujuria y tu deseo. Ese deseo mórbido que carcome tu piel. Ese anhelo delirante por la sangre que recorre mis venas. Tus ojos están oscurecidos por el fuerte deseo de llevarme al éxtasis, de llevarme a la locura.”
“La blanca nieve cae sobre mí. Son muchos los copos que tocan mi piel, fundiéndose con mi cuerpo, fundiéndose con mi ser. Lágrimas surcan mi rostro, entremezclándose con los copos derretidos por mi piel. Dirijo mis ojos hacia el firmamento y veo una hermosa noche. Una hermosa nochebuena. Más lágrimas tocan mi rostro mientras volteo a ver por última vez todo aquello que dejo detrás de mí, todo aquello que alguna vez llamé hogar. "
“Se durmió. Durmió placidamente entre mis brazos. Soñando con quien sabe cosas. Viviendo tantas experiencias para luego despertar. Despertar ante mis pupilas. Tratando de ver a través de mis ojos, a través de mi alma, queriendo descubrir mis secretos y mis temores. Todo, para luego dejarse llevar, y así, poderme besar, poderme amar.”

martes, 13 de marzo de 2007

Perdona

Perdona mi cobardía, pero no soy digna de pasar contigo mis días. Perdona mi temor, por no estar a tu lado, pero me basta el verte sonreír para olvidar todo dolor. Perdona mis lágrimas, que tan solo son muestras, muestras de mi cruel realidad. Perdona mi silencio, que es tan solo un refugio para seguir viviendo. Y por último, perdóname por no estar ahí, pero no puedo y no debo, ya que no lo merezco.
“Maldito Seductor que me ha atrapado. Demoníacos besos que anulan todo sentido, toda defensa. No entiendo como el destino pudo llevarme hasta a ti. Eres la más dulce de las maldiciones y la más placentera de las agonías. Te deseo, te deseo intensamente. Puedo percibir tu lujuria y tu deseo. Ese deseo mórbido que carcome tu piel. Ese anhelo delirante por la sangre que recorre mis venas. Tus ojos están oscurecidos por el fuerte deseo de llevarme al éxtasis, de llevarme a la locura.”
“Quiero regalarte un espacio, quiero regalarte un silencio… y al dejarte volar libremente. Deseo que te lleves mis lágrimas y mis recuerdos contigo. Quiero que te lleves aquello que me ata a ti, y que lentamente me envenena. Tan solo espero verte sonreír una última vez, y poder verte amar. Aunque esto signifique, la más cruel de las torturas y la más agónica de las muertes. Quiero ser libre de este secreto que me quema en silencio, quiero ser libre de esta tortura que me alegra, a la vez que me condena. Te amo infinitamente, pero no puedo gritarlo a los cuatro vientos. Este amor me hiere y me lastima fuertemente, al tenerlo guardado para mi solamente.”
"Tengo que resistirme a la tentación de tus labios, a la cual soy adicta. Debo soportar la agonía de haber conocido tus caricias, y ahora no sentirlas. ¿Cómo puedo sobreponerme a haberte poseído y haber sido poseída por ti, para más nunca volver a serlo? Triste y cruel es el destino que me depara el futuro, insoportable es la agonía de amarte y ya no tenerte. Tan solo me queda de ti, el recuerdo de tu piel sobre la mía y la realidad que es nuestra pequeña Elizabeth, quien es tu vivo reflejo. Gracias por amarme y por permitirme amarte, ahora debo seguir adelante con el bello recuerdo de tu cuerpo junto al mío al amanecer del tiempo…"
“Frente a mis ojos, la eternidad, perfecta y majestuosa, se exalta. Se que no tiene sentido todo lo que digo, o mas bien, como lo digo, pero eso no me importa. Mis ojos están fijos en este precioso atardecer que me regaló la vida. Uno más para la cuenta, uno más para mis más profundos sueños. Sonrió tranquilamente mientras veo, como el sol se pone detrás del mar. El agua moja mis pies y una sensación de paz llena mi alma. Llevó años haciendo lo mismo. Todos los días me siento en el mismo lugar, frente al mar. Se que no es fácil de comprender, pero al menos hago el intento de explicar. La noche cubre casi por completo todo con su oscuro manto, mientras que la luna brilla hermosa y clara. Una sonrisa melancólica se posa en mi rostro. Todo vuelve a ser como aquel día. El mar, siempre impredecible, esta subiendo. El agua moja el borde de mi falda, pero no me importa. Tan solo quiero durar un poco más en este lugar, antes de tener que regresar a mi triste realidad. Siento que alguien se acerca a mí. No tengo necesidad de girarme para saber de quien se trata. Unas pequeñas manitas me abrazan y me trasmiten su calidez. Escuchó un suave “Mami, vamos a casa” e inmediatamente me colocó de pie. Una sonrisa llena de felicidad se encuentra en mis labios, mientras tomo en mis brazos a este pequeño rayo de sol que bajo de la eternidad para hacerme compañía. Compañía mientras espero tu regreso.”