viernes 14 de diciembre de 2007

UN POEMA CON LETRAS DESHECHAS...

Estoy acostada en mi habitación
Mirando todo lo que hay a mi alrededor
Soñando con un beso tuyo que sea alentador,
E intentando no dejarme llevar por la desolación.

Sabes muy bien que te quiero
Pero aun así, tu nombre escuchar no puedo
Ya que tan solo soy una sombra mas en el suelo
Que es ignorada por el mundo entero.

Como no adorar a esos ojos pardos,
Si son ellos los que tanto amo
Como no querer a esa piel morena
Y a aquellos labios que aun me mantienen prisionera

No soy capaz de pronunciar su nombre
Y mucho menos estar frente a ese hombre,
Pero como luchar con ese deseo
Si él es lo que mas anhelo.

¿Y porque debo amarlo tanto?
Si no me corresponde el muy ingrato
¿Será que no me conviene estar a su lado?

De mis labios no saldrá palabra
Por lo cual deseo desnudar mi alma
Y poder gritar a los cuatro vientos lo que mi voz calla,
Y eso eres tú, lo que a mi corazón lentamente mata.
-No entiendo como no me di cuenta antes.- dijo con quebrada, en un sutil susurro que no pasó desapercibido por él, quien sonrió con amargura.

-Porque eres tan inocente que no podías concebir eso en tu pensamiento.- respondió él sin mirarla a ella, pero estando atento a sus movimientos, a sus reacciones. –Y eso es parte de lo que ayudó a que me enamorará de ti.- concluyó él con un tono de voz tan diferente al que siempre le había escuchado. Un tono de voz carente de sentimientos y cargado de ironía.

-Pero…- comenzó a balbucear, mientras sentía en su corazón una opresión. -¿Por qué?- logró preguntar después de respirar profundamente varias veces, tratando de reunir valor.

-¿En verdad quieres que te responda eso?- preguntó con una pequeña sonrisa, mientras le dedicaba una fugaz mirada a su rostro, antes de volver a posar sus ojos en la distancia. Ella se sonrojó, y aunque quería una respuesta para toda aquella locura, no se atrevía a pedírsela otra vez. Él suspiró con aprehensión, mientras se acomodaba un poco en el lugar donde estaba sentado. La grama estaba algo húmeda por el rocío de la madrugada, y lograba incomodarlo un poco por la picazón que le producía, pero nada que fuera lo suficientemente molesto como para obligarlo a levantarse.

-Por donde puedo comenzar.- se dijo a si mismo en voz alta, mientras muchos recuerdos regresaban a su memoria. Los distintos momentos que pasó a su lado. Las sonrisas que le regaló y que iluminaban su mundo. La calidez de su sonrisa, que poco a poco se apoderaba de todo su mundo. Y no pudo evitar sonreír. Sonrió sintiendo pesar por si mismo y su patética existencia. Por haberse enamorado de la persona correcta y a la vez equivocada. Porque ella era perfecta, pero lastimosamente no era para él. Él no merecía la luz que ella despedía a su alrededor. No merecía probar la dulce miel de sus labios. Y lo peor, es que ya no sabía como vivir sin ella. Porque se había convertido en una constante. Se había convertido en la única constante en su vida.

Una lágrima rodó por la mejilla derecha de ella, y él, con ternura, la apartó. Tomando aire nuevamente, comenzó con su explicación. –No se si recuerdas esa vez en que me encontraste perdido en uno de los pasillos del edificio. Era tarde y alguien podría encontrarme allí y darme un buen regaño.- comenzó a narrar con la mirada perdida, como si fuera capaz de volver a ese momento y verlo todo nuevamente. Ella lo observó en silencio, notando como se sumergía cada vez más en sus pensamientos y se respondía a si mismo la pregunta, ya que parecía que era así. Se estaba respondiendo a si mismo el porque la amaba y no a ella.

-Yo iba caminando silencioso esa noche, sin rumbo fijo y con la mirada perdida. En una de mis manos estaba una carta. Una carta de despedida. Una carta de mi madre.- continuó hablando sin percatarse de nada de lo que pasaba a su alrededor. –Recuerdo que en ese momento nada me importaba, lo único que había amado en la vida había partido para nunca más volver. Me había abandonado, como todo lo demás que quise en el pasado. Sentía rabia contra todo y contra todos, pero sobretodo contra mí. Por no poder retenerla y obligarla a quedarse a mi lado. Por no haber impedido su muerte.- dijo con voz neutra, como si estuviera narrando la vida de alguien más, y no la suya propia.

-Quería vengarme del mundo por ser así de cruel, y a la vez quería dejar todo de lado. Quería estar con ella, sin importar si era en esta vida o en la otra. Yo la amaba y ella a mi. Siempre fue así, pero ya más nunca podría volver a ser.- continuó hablando con suavidad.

-por unos instantes pensé en hacer algo terriblemente estúpido. Pensé en tentar a la suerte y al destino, para que mi vida corriera el mayor peligro y así poder ir a reunirme prontamente con mi madre. Cuando pretendía escaparme, tú apareciste.- dijo con suavidad, mientras parecía que reviviera ese momento.

-Tú llegaste y me observaste en silencio. Viste más allá de esta dura coraza que me protege y te acercaste a mí. No se si eras consciente de quien era yo, o tal vez es que daba tanta pena que no pudiste reprimir el acercarte a mi y abrazarme.- comentó ante la atónita mirada de ella. Claro que lo recordaba, allí fue cuando todo empezó. Los encuentros furtivos, las miradas cómplices, los secretos guardados. Todo.

-Yo intenté separarte de mí. Grité y te insulté a más no poder, pero tu agarre no flaqueaba ni un poco. Es más, me apretabas cada vez más, pero sin llegar a asfixiarme. De un momento a otro, mi muralla cayó por completo y me aferré a ti como un moribundo. Me aferré a tu cuerpo y al calor que este despedía. En ese momento me permití llorar. Lloré como no hacía en años. Lloré por mi niñez solitaria, por mi vacía existencia, por el cruel destino que caía sobre mí, por la suerte que corrió mi madre y por mí. Lloré tanto que no podía distinguir tu figura.-

-no se como habíamos terminado tirados en el suelo, pero mi cabeza reposaba sobre tus piernas, mientras tu acariciabas mis cabellos y me cantabas una suave canción. Intentabas calmarme con eso. Y lo lograste. No se como, pero lo hiciste.-

-Me dejaste permanecer en esa posición todo el tiempo que quise, hasta que pude recordar donde estaba y con quien estaba. En ese momento, sentí asco conmigo mismo. Me había mostrado débil. Mi perfecta mascara se había hecho pedazos, pero extrañamente me sentía bien. Me miraste por unos instantes y luego me regalaste una sonrisa. La primera sonrisa sincera que recibía por otra persona que no fuera mi madre.-

-Recuerdo que me paralicé por ello y me quedé estático. Tú sonreíste más ampliamente por mi reacción y me preguntaste entre susurros si me encontraba bien. Pensé por un momento en recobrar otra vez mi mascara e insultarte por haberte acercado a mi, pero no me sentía de ánimos, además, no quería hacer nada que pudiera desaparecer la sonrisa que adornaba tu rostro.- confesó sin pudor ante las sonrojada mirada de la chica, que no podía creer lo bien que recordaba ese suceso.

-tú notaste mi lucha interna y no esperaste una respuesta. Sabias que me encontraba mejor. En ese momento, depositaste un casto beso en mi mejilla y me invitaste a caminar por los alrededores del edificio, saliendo al jardín trasero. Sorpresivamente para ti, acepté y te acompañé en el camino. No hablamos de nada, pero tampoco hacía falta. El silencio que nos rodeaba era extrañamente cómodo y para que romperlo con palabras burdas y fuera de lugar.-

-después de pasear un rato por las afueras, decidimos regresar al edificio. Era bastante tarde y alguien podría atraparnos. Cuando llegamos al corredor donde nuestros caminos se separaban, nos detuvimos en silencio. Me miraste unos segundos y me regalaste otra de tus hermosas sonrisas. Yo, sin ser plenamente de consciente de ello, te la devolví. En ese momento me quité una cadena que colgaba de mi cuello y te la coloqué en la mano, ante tu interrogante mirada. Esa que yo tan bien conocía.-

-sonriéndote una vez más, te dije que era un regalo para ti. Que era el collar que solía usar mi madre y que me lo había dejado a mí. Te alarmaste por la idea de que yo te lo estuviera dando a ti, e intentaste devolvérmelo, pero me negué a aceptarlo de vuelta.- dijo mientras una casi imperceptible sonrisa aparecía en su rostro.

-Lo que en ese momento no te dije fue, que mi madre me había dicho que cuando encontrara a aquella persona tan especial para mi, sentiría el impulso de regalarle ese collar. Y eso fue lo que sentí esa noche, a pesar de nuestro catastrófico pasado. Sentí que hacía lo correcto al dártelo, por lo que no acepté un no por respuesta. Suspiraste derrotada y lo aceptaste con vergüenza.-

-Yo me acerqué a ti con paso lento y deposité un beso en tu mejilla, haciéndote sonrojar por mi atrevimiento. Me despedí de ti con un nos veremos pronto, y tomé mi camino hacia mi habitación. Mi camino hacía las sombras otra vez, pero con una pequeña gran diferencia. Ahora tenía algo que me brindaba luz otra vez. Algo que iluminaba en mi interior, y sin saber que era, sonreí agradecido por ello.-

-Ese día me cambiaste y me diste la oportunidad de volver a ser yo mismo. Además de la oportunidad de conocerte, tal y como eres. Una mente excepcional y una alumna ejemplar, son las cualidades que todo el mundo ve en ti, pero yo veo algo más. Veo un corazón inocente. Un alma pura y trasparente. Un ser que es pasado por alto por los demás, pero quienes se toman el tiempo de ver como es en realidad, se llevan la mejor de las sorpresas, las cuales se escondes bajo esa fachada de mujer mandona y testaruda.-

-yo conocí a la persona tímida y cariñosa que existe en ti. A la mujer apasionada, que cree en sus ideales, sin importar que el mundo entero este en su contra. En aquella que piensa que es fea y que no despierta ninguna emoción en nadie y que se siente tan insegura de si misma, que cree que nunca podrá tener muchos amigos, por lo que se aferra a los que ya tiene y da todo de si por ellos.-

-Sabes, tú no eres fea. Si te vieras de la misma manera que yo te veo sabrías que eres todo lo contrario. Eres hermosa. Tanto tu cuerpo como tu alma lo son, y más de un idiota, incluyéndome a mí en la lista, esta detrás de ti, pero tu ni enterada.- dijo con algo de ironía en su voz, mostrando algún sentimiento en su voz por primera vez, desde que había comenzado su monologo. Ella lo observaba con lágrimas en los ojos y con la boca ligeramente entreabierta. Lloraba en silencio, sin saber realmente porque lo hacía. O tal vez, si lo sabía. Esa charla sonaba a despedida.

-Y aunque en el principio lo negué, el tiempo pasó, te fui conociendo poco a poco. Observándote en silencio y llenándome de ti y de tu aura, por lo que ya no me pude seguir negando lo evidente.- dijo con algo de pesar en su voz. Sonaba triste, pero a la vez tranquilo.

-Me enamoré de ti tan lentamente que no me di cuenta, pero no me arrepiento de ello. Es lo mejor que me ha podido suceder, y sería una blasfemia el negarlo. Pero, aunque intentara una y mil veces hacértelo ver. Tu no lo veías, tu no notabas todo el amor que mis ojos desbordaban al verte.- continuó con la misma tristeza impregnada en su voz y con la misma mirada perdida en sus recuerdos.

-Y aunque era una tortura seguir así, yo no podía dejarte. No podía alejarme de ti, porque eras mi vida y aun lo eres.- concluyó con una triste sonrisa, despertando lentamente de su letargo, para posar sus ojos sobre su acompañante. Su rostro estaba bañado en lágrimas y sus mejillas estaban sonrojadas por ello. Sonrió levemente por esa tierna visión, mientras llevaba una mano al bolsillo de su pantalón y sacaba un pañuelo, para luego, secar con suma delicadeza el rostro de ella.

-¿Y porque hasta ahora me lo dices?- preguntó ella después de un largo rato en silencio. Su rostro seguía húmedo, por las nuevas lágrimas que surgían de su rostro, a pesar de los intentos de él de secarlo.

-Porque antes no tenía el valor para hacerlo. Y aunque hace un rato tampoco lo tenía, supongo que debía decírtelo antes de…- comenzó a decir, pero su voz se detuvo abruptamente, mientras sus ojos se nublaban.

-¿Antes de que?- preguntó ella con impaciencia, y vio como él trataba de ignorar la pregunta. –Contéstame. ¿Antes de qué?- volvió a preguntar con desesperación en su voz.

-Antes de irme.- respondió él con tristeza. Los ojos de ella se abrieron a más no poder, y su respiración se tornó irregular por primera vez en la noche.

-¿Irte?- repitió como una autómata. -¿A donde? ¿Cuando? ¿Por qué?- preguntó descontrolada.

-Hoy.- fue la simple respuesta de él, mientras giraba su rostro hacía la distancia. No quería verla en ese estado. No era su intención y sabía que su decisión flaquearía si la observaba por mucho tiempo. Él tenía que irse lejos y no podía decirle un porque. Ella ya tenía suficientes problemas como para tener que cargar con los de él. No. Ella no sabría los motivos de su partida. Era lo mejor para todos. Para todos, menos para él.

Ella lloró desconsolada junto a él, sin saber que hacer para retenerlo a su lado. Para obligarlo a quedarse con ella. En ese momento recordó que él no había respondido a sus otras preguntas, por lo que se secó su rostro con algo de brusquedad y lo miró fijamente.

-¿A donde te vas? ¿Cuándo Regresas?- preguntó con rabia en su interior. ¿Por qué se iba? ¿Por qué ahora, que lo necesitaba? Sabía que era un pensamiento egoísta, pero era lo único que tenía para aferrarse a él.

-No te puedo contestar eso, ya que ni yo mismo lo sé.- fue la simple respuesta que recibió de él. Su corazón se estrujó en su pecho al escucharla y se sintió triste, inmensamente triste. Él se iría y ella no podría detenerlo.

Se quedaron nuevamente en silencio, mirando a la nada y sumidos en sus pensamientos. Conscientes del otro, pero sin poder esquivar el rumbo de sus pensamientos.

-Me tengo que ir.- dijo él mientras se colocaba de pie y la ayudaba a ella a levantarse. La observó unos instantes en silencio y sintió un gran dolor en su pecho, pero sabía que lo que hacía era lo correcto. Es lo mejor, se trató de convencer a su mismo una vez más.

-Por favor, no te vayas.- rogó ella con tristeza en sus ojos, mientras se abrazaba a él. Él trato de ser fuerte por los dos y no dejarse llevar por la sensación que lo llenaba en ese momento. Se sentía sucio por haber sido el causante de cada una de sus lágrimas. Pero era algo que no podía evitar. Así era el destino.

-No puedo. Aunque quisiera, no puedo.- le susurró él al oído, con ternura, mientras acariciaba por última vez el cabello de ella.

-Al menos, prométeme que me escribirás cada tanto. Quiero saber de ti.- dijo ella, resignándose a no poder retenerlo.

-Tranquila. Lo haré.- le respondió con una leve sonrisa, que ella se perdió por estar escondida en su pecho. Sintió como su camisa se empapaba por sus lágrimas, pero que importaba. Al menos así, se llevaría con él, algo que había nacido del interior de ella. Duraron varios minutos en esa posición. Él quería detener el tiempo y permanecer a su lado por siempre, y ella, quería retener su esencia con ese abrazo.

Con lentitud se fueron separando hasta poder verse los rostros y no sentir la calidez del cuerpo del otro. Una sonrisa triste apareció en los labios de ambos.

-Perdóname por favor.- le dijo a ella, mientras le acariciaba el rostro con cariño. Ella lo observó interrogante, preguntándose porque le pedía perdón. ¿Por dejarla? ¿Por no decirle el motivo de su partida? O, ¿por algo más?

-¿por qué?- preguntó ella en un susurro, mientras se perdía en la calidez que emanaba la piel de él, que estaba en contacto con su mejilla. Poco a poco vio como él se acercaba a su rostro y sin percatarse de ello, sintió como sus labios rosaban los de él. El contacto fue leve y suave. Era demasiado sutil, que rayaba en lo melancólico. Ella poco a poco le fue devolviendo la caricia, con dolorosa lentitud. Trasmitiendo la misma melancolía en cada uno de sus movimientos.

El beso fue suave y lento, pero tan doloroso para él, como glorioso. Poco a poco se fue separando, pero sin dejar de sentir la piel de su mejilla. Ella tenía los ojos cerrados y una expresión algo triste. Igual a la de él.

-Por esto.- respondió él, mientras separaba su mano de su rostro y se alejaba de ella. Comenzó a caminar hacia atrás unos cuantos pasos, antes de girarse y seguir con su camino. Pronto amanecería y no le convenía que nadie lo viera.

Ella permaneció estática en su sitio, observándolo partir. Viéndolo alejarse de su vida tan sutilmente como había entrado en ella. Pero ahora, llevándose algo más que creyó nunca perder. Su corazón.

Nunca pensé que podría amar de esta manera. Tanto, que siento que me es más cómodo engañarme y pensar que no te quiero, cuando bien sé que no es cierto. Cuando llamo a otro como mi amor, a sabiendas que tu eres el único que en realidad es el amor para mi.

Soy masoquista, lo sé y aunque ante todos parezca que ya te superé, que seguí con mi vida. Mis ojos, aún muestran en la profundidad, que todo es una mentira. Pero callo porque es más fácil vivir así, porque mi razón le ganó a mi corazón. Porque ya me resigné a no tenerte a mi lado, por lo que me rendí al primero que no me ha hecho daño. Al primero que me vio con amor en sus ojos, a pesar de que los míos no sean capaces de devolvérselo.

Y callo porque es más cómodo engañarme, porque es más fácil mentirles a todos, y sueño con lograr engañarme a mi misma. Pero pase lo que pase, en silencio siempre sabré que te querré y que te amaré siempre. En ese mismo silencio en el que sé que siempre pensaré en ti al momento de despertar y al momento de dormir. Soñando una y otra vez la última sonrisa que me regalaste y la última mirada que te sostuve.

Pero si tú me lo pidieras, yo te seguiría a donde me guiases, así fuera a mi misma muerte, porque yo iría detrás de ti, sin importar nada. Sin importarme yo o alguien más. Pero de los dos, tú eres el consciente y no me pedirías nunca eso. En parte estoy agradecida contigo, y por la otra, estoy decepcionada porque no me requieres como yo quisiera.

Soy algo suicida, y ojala nunca escuches esto, porque no es lo que tu piensas. Simplemente lo digo, porque no me importaría morir, si es siguiéndote a ti. Soy patética, ¿no te parece? Me siento como un poeta que ha renunciado a su esencia y ha terminado trabajando en un banco, tan lejos de su verdadera vocación y tan decepcionado de si mismo, que no es capaz de hacer otra cosa que resignarse y seguir adelante con su triste existencia. Así mismo, estoy yo.

Tan solo te puedo ver marchar de mi lado, con esa sonrisa de la que me enamoré y mirándola a ella. Siempre a ella. No se como las cosas se complicaron tanto. Antes te veía diferente, te veía como un hermano. Pero ahora, eres el motivo por el cual despierto día a día y tu sin siquiera saberlo. Tú quieres que sea feliz y te alegras por mí al ver a ese que esta a mi lado, pero que no ha sido capaz de tocar mi corazón. Si tan solo supieras la verdad.

Si tan solo hubieras aprendido a leer mi mirada, como yo aprendí a leer la tuya. Tal vez, y solo tal vez, podrías notar que muero por ti. Pero es demasiado tarde ahora, pronto te casarás y me pediste ser tu madrina. No se como lo logré, pero te sonreí. Supongo que son los años de práctica que tengo, que ya se fingir perfectamente todas mis sonrisas. Hace mucho tiempo que no suelto una sincera, y tú, ni cuenta te has dado.

Me pregunto, ¿que tan doloroso sería si me arrancara el corazón de un solo? ¿Dolería igual o menos de lo que ya de por si me duele? O simplemente sería una cosquilla ante mi pesar. No se, y por ahora pienso que es mejor ni pensar en ello. Eso solo me deprime un poco más.

Quisiera convertir estas palabras en un trozo de papel, para que fueran un poco más reales de lo que ya son, pero tengo miedo de que tú pudieras leerlas, y sufrir por mí. Yo no quiero que te sientas culpable. Tú no tienes culpa de nada, la culpa la tiene mi travieso corazón que te escogió a ti como su dueño y ahora rechaza a todo aquel que quiera llegar a él. Pero supongo que esa es la consecuencia de participar en aquel viejo juego de azar llamado amor, porque si no, no se que pueda ser.

Ahora solo me queda ver como alguien disfruta de haber sido afortunado, mientras yo me conformo con los retazos de dignidad que me quedan medio intactos, después de tantos golpes. Ya no se ni lo que digo, ni lo que pienso. Tan solo balbuceo cosas sin sentido, mientras lloro por ti y por mí. Mientras deseo ser algo más, algo más de lo que llegaré a ser.

Y sabes, lo peor de todo es que sé que no te puedo detener aquí, a mi lado. No puedo impedir que te marches, porque se que tu necesitas ser libre, tan libre como puedas y quien soy yo para impedírtelo, si soy la persona que más te ama en el mundo y sería capaz de renunciar a todo por tu felicidad. Me toca quedarme aquí, sentada en la misma posición por horas, resignándome en silencio, que muy pronto, más que tarde, tú te marcharas nuevamente y sin saber cuando volverás. Tu madre me mira maternalmente y sé que se pregunta porque suspiro tanto. Lo más seguro es que piense que es porque estoy ahora enamorada del menor de sus hijos varones, como todo el mundo lo hace. ¿Es que nadie es capaz de ver que mis ojos no brillan por él, sino que aún lo hacen por ti? ¿No son capaces de notar que mi mirada busca tu figura cada vez que estamos en la misma habitación? Parece que no, tan solo me tratan de dar ánimos, cuando yo se que nada pasara nunca entre él y yo, al igual que entre tu y yo.

Permanezco en silencio. Estamos a menos de quince días de navidad y hoy celebramos tu cumpleaños. Otra lágrima recorre mi mejilla. Siento que pierdo el valor que me caracteriza por la simple razón de que estoy cerca de ti, y se me hace tan difícil fingir estar alegre. Hoy dijiste que traerías a esa mujer que logró robar aquello que yo más añoro, tu corazón. No se si odiarla o ponerla en un altar, por lograr domar tu travieso y juguetón corazón. Pero cualquiera que sea la respuesta, aun así duele. No se si me has visto aún, espero que no. Supongo que así será más fácil irme, sin necesidad de despedirme de ti. Dudo mucho que llegues a extrañarme, como yo lo haré contigo, pero si no me aferro al poco valor que ahora corre por mis venas, lo más seguro es que me desvanezca en cuanto te vea.

Convoco mis cosas, y miro por última vez este lugar, tu hogar. Sonrió levemente y sinceramente desde hace tiempo, pero mi sonrisa no es radiante, más bien es triste. Cierro mis ojos y ruego por un instante que tu salgas y me veas en mi intento de huida para que me obligues a quedarme a tu lado, pero al abrir los ojos, mis ilusiones se esfuman. Tú no vendrás, eso es seguro.

Tomo mis pocas posesiones y comienzo a caminar lejos de esa casa, tratando de escapar lo más rápido posible para que el valor no escape de mí, y a la vez tan lentamente para llenarme una ultima vez de tu misma aura por una vez más.

Ya falta poco, ya estoy por salir de los límites de la propiedad. Ahora, solo me queda darte una última mirada atrás. Ojala logren perdonarme alguna vez, si es que regreso por aquí. Pero ya decidí y no hay vuelta atrás. Me aferró a mis cosas, y una última traicionera lágrima sale de mis ojos al verte llegar. Me miras por un segundo y siento que logras ver atreves de mi. Corres, intentando llegar a mí. Supongo que descubriste mis intenciones, pero ya es tarde. Todo acabó antes de iniciar.

Te regaló una última sonrisa, mitad alegre, mitad triste. Y muevo levemente mi mano, dejando escapar un pequeño papel. Estas a punto de llegar a mi lado y en ese momento cierro mis ojos y pienso en un lugar lejos de allí. Siento un retorcijón y abro mis ojos. Por fin me pude alejar de ti, ahora solo queda intentar seguir adelante sin aquella ilusión.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Se marchó. Se fue lejos y no logré detenerla. No se exactamente como, pero sentí que sus ojos me pedían silenciosamente que la retuviera, que la obligara a quedarse a mi lado. Y justamente eso intentaba hacer. Pero te fuiste antes de que lograra tocarte, antes de que pudiera estrecharte entre mis brazos. Dejándome aquí, solo y desalmado. Porque tú, eres mi alma.

¿Ahora que hago? Ahora como continúo. Busco con mis ojos ese papel que dejaste escapar entre tus dedos, mientras te despedías de mi. Lo busco por todas partes, hasta que lo encuentro. Es minúsculo, pero aun así lo tomo con cuidado. Trato de abrirlo, sin romperlo y me encuentro con tu letra. Una promesa rota y un corazón adolorido. Así te sientes y al igual me siento yo. ¿Qué sucedió Mione? ¿Que sucedió con nosotros para que no notáramos los sentimientos del otro? En realidad no lo sé. Ahora lo único que me importa es encontrarte. Tengo que hacerlo. Debo traerte de vuelta, y poder estrecharte entre mis brazos para perderme en silencio en la profundidad de tus ojos una vez más. Para amarte más intensamente y para no dejarte escapar nunca más. Tiro al suelo el papel y corro a la casa. Tengo que encontrarte pronto, por lo que debo recoger mis cosas. No tengo tiempo que perder, porque es tiempo que la vida le roba a nuestro amor. Mama estará preocupada y todos conmocionados, pero no me importa. Lo que me importa es encontrarte y no regresaré hasta conseguirlo. No me importa perder mi empleo, o no disfrutar mi cumpleaños. Tan solo me importas tú y solo tú.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------

En la grama, un pequeño pedazo de papel reposaba. Unas simples palabras que de haber sido dichas en el momento justo, hubieran cambiado tanto el rumbo de las cosas y de las vidas de muchos. Unas tan pequeñas, pero significativas palabras por las que muchos morirían por conocer. Unas simples palabras nacidas del alma.

“Siempre fuiste tu, y lo seguirás siendo por siempre. Te amo Charlie. Atte: Hermione”

Gitana Mía

Me dejé llevar por ti y por tu magia. Me dejé atrapar por el sonido de tu voz y el sutil movimiento de tus cabellos en la brisa. Y ahora, aquí sentado en la soledad de mi hogar. En este pequeño pórtico, algo olvidado por las arenas del tiempo, al igual que su único habitante, te espero pacientemente, sentado en ese columpio donde me viste la última vez y con esa misma guitarra en mis manos.

La afinó lentamente y la acaricio con ternura. La palpo en silencio y me lleno de la esencia de la nada. Suena incoherente, ¿no es cierto? Pero es que ya no tengo nada más de que llenarme si tu no estas. Comienzo a tocar una suave melodía, tan bajo y tan suave que me recuerda un poco a tu voz. Tan dulce y magnifica, que siento que es la voz de mis pensamientos. Sigo tocando sin importar nada más, la canción transcurre lentamente, como si fuera una danza. Cuanto me gustaría que fuera la danza de tus cabellos al viento.

También suena como una canción gitana. Tan gitana como tu misma, mi dulce y esquiva gitana. ¿Crees que algún día puedas regresar para darme una última mirada? Quien sabe. Eres tan pura y tan libre, que no me creo capaz de intentar retenerte. Sería cortarte esas maravillosas alas, sería arrancarte tu esencia. Ya no serías tú. Y a ti, es a quien amo, a pesar de todo.

Mi dulce gitana de cabellos castaños y de ojos color miel, tú que siempre has estado vagando por el mundo. Tú que siempre has danzado, en vez de caminar. Tú, a quien el sol le sonríe tiernamente. No se que decirte, o que hacer cuando te vea nuevamente, si es que llega a suceder. Supongo que ahora mismo estarás lejos de aquí, sonriendo serenamente y con esa calidez, tan tuya y tan única. También estoy casi seguro, mi gitana, que varios corazones has asaltado sin darte cuenta, como el mío, que tienes desde hace años.

Poco a poco, mi canción se acaba al igual que la ilusión de este día. Dejo que los últimos acordes se escapen de mis manos con sutileza y cierro mis ojos imaginándote, recreándome con la última fugaz sonrisa que me regalaste antes de partir. Escucho pasos pasar frente a mi casa, supongo que es alguno de los vecinos. Pero también hay aplausos. Alguien aplaude. Abro mis ojos y te veo, gitana mía. Tan hermosa como te recordaba y tan radiante como siempre. Esa sonrisa, oh dios, esa sonrisa que esta en tu rostro es la más hermosa que me has dedicado. Te sonrío y tú te acercas a donde me encuentro. Me miras fijamente y me paralizo bajo tus ojos. Te sientas a mi lado, en este columpio que nadie más, aparte de mí y de ti, ha tocado. No se que quieres de mi, no se que estas pensando, pero no me importa. Tan solo se que estas aquí, a mi lado, y una vez más te he podido ver.

Ahora tan solo puedo tocarte otra vez esta canción, para que la escuches completa, porque este es lenguaje en que mi corazón te habla. Esta es la música que tu mirar me hace escuchar y que tu cintura, al caminar, marca produciendo cada compás.

Pueda ser que yo no tengo lo necesario para amar o ser amada. Si no se como amar, no es por mí, aunque a veces no puedo negar que lo he pensado. Bueno, quien sabe cual es la realidad. Y ahora que me pongo a pensar en ello, ¿realmente importa? Yo creo que no. No cambiara en nada mi realidad.
“Hola. Es extraño el verte después de tanto tiempo y de tantas cosas vividas entre tú y yo. Se que pensaras que estoy loca por lo que te pienso preguntar pero, ¿Me recuerdas? Porque yo si te recuerdo. Te recuerdo perfectamente. Sonara algo extraño y hasta carente de sentido, pero es la verdad, recuerdo cada una de las pecas de tu rostro y como se marcaban cuando te sonrojabas por algo que nos decían. Recuerdo tu risa, que ahora escucho en este momento, siempre tan suave y tan fresca. Siempre me gusto eso de ti. Son largos los años que han pasado, pero parece que hubiera sido ayer el día en que nos dijimos adiós mutuamente. Te noto igual que ese día, pero yo en cambio, no soy igual. Tal vez fue el tener que enfrentarme a todo lo que me intimidaba y de lo que tú me protegías, o simplemente maduré al ver como pasaba el tiempo y yo me estancaba. Escoge la posibilidad que más te guste o que alimente más tu ego, eso ya no importa ahora. Sonrió al verte fruncir el ceño. No esperabas verme otra vez y mucho menos tan cambiada. Eso me alegra, ya que por fin te he superado. Se que te preguntas que hago aquí. Bueno, vine para ver si ya había podido seguir mi vida sin tu fantasma, y por lo que noto en este momento, veo que es así. Pero parece que tú no has podido seguir adelante. Lamento haberte incomodado o haber regresado para revolver tu mundo, esa no era mi intención. Pero necesito que me hagas un favor ahora que te he vuelto ha ver. Por favor recuérdame. Recuérdame como soy ahora y como fui en ese entonces. Recuérdame como esa persona que compartió tantas experiencias a tu lado y que te amo sin medida, mas no me recuerdes como la mujer que sufrió y lloró por ti. No quiero que trates de disculparte ahora por los errores del pasado. Ya ese momento pasó. No te quedes en el pasado y continua adelante con esos hermosos recuerdos, los cuales yo también atesoro. Que yo también mantengo vivos en mi memoria. Ahora me tengo que ir, y espero volver a verte alguna vez más. No trates de detenerme, ya nada es igual, sobretodo yo. Fue un placer el encontrarte y el volverme a perder en los recuerdos, pero ya es momento de regresar a la realidad. Cuídate, y espero que esto sea un hasta luego, en vez de un vacío adiós.”

“Me senté en la arena. Estaba completamente sola y en silencio. Sola con las estrellas y con el mar. Sola con mis pensamientos y con mis miedos. Sola en la oscuridad de la noche. Observaba el ir y venir pacifico de las olas, mientras las estrellas se reflejaban en la oscuridad del agua. Tomé un puñado de arena y lo lancé hacia el mar, observando detenidamente como se deshacía en el aire, antes de que lograra llegar al mar. La brisa sopló en ese momento y meció suavemente mis cabellos. Suspiré con desanimo y me acosté en la arena, con mis ojos cerrados y concentrándome en el sonido que producían las olas. Sonreí sin proponérmelo y permanecí en silencio, sintiendo la tranquilidad que hacia tanto creía perdida. De un momento a otro, sentí como algo rozaba mis mejillas, un tacto cálido, una suave caricia. Me permití disfrutar de ese furtivo roce, antes de abrir los ojos buscando a su causante. Me encontré contigo. Un completo desconocido que lograba trasmitirme paz. Observé tus ojos, buscando una respuesta al porque estabas sentando a mi lado, con tu mano en mi mejilla y con esa sonrisa tranquila. Enarqué una ceja al notar que no dejabas de acariciar mi piel, a pesar de ya haberte descubierto. Alzaste tus hombros en un gesto despreocupado y seguiste con tu tarea. En ese momento detalle tu rostro y me perdí en tus ojos. No se que tenían, pero me mantenían atrapada en tu mirada. Sentía que podía sumergirme en la oscuridad de tu mirada y nadar en ellos hasta que el tiempo dejase de ser relevante. Sé que sueno como una cursi, pero me permito aclarar que no lo soy. Solo soy romántica. Cerraste tus ojos por un momento y toda la cordura regreso a mis pensamientos, haciéndome levantar rápidamente y apartarme de ti y de tu calidez, cosa que me arrepentí inmediatamente después. Al ver que me separaba un poco más de ti, sonreíste nuevamente, pero con un poco de melancolía y con tristeza. Una extraña opresión se apoderó de mi pecho al verte así y sin pensar claramente lo que hacía, me acerqué a ti y te abracé. Recuerdo que me perdí entre tus brazos y si me preguntas ahora, no se cuanto tiempo estuve en esa posición, tal vez fueron minutos, horas o hasta días. Pero que importaba eso en el momento, yo estaba concentrada en tratar de apartar todos los fantasmas de tu mirada y devolverle el brillo que por unos instantes pude conocer y del que sin saberlo me volví dependiente. Poco a poco me separé de ti, tratando de prolongar lo mas posible el contacto que mantenía contigo, pero también intentando ver nuevamente tus ojos, para saber si todo estaba bien nuevamente. Al subir mis ojos hacia tu rostro, encontré una gran sonrisa y un brillo en tu mirada. Suspiré aliviada al notarlo nuevamente, pero sin ser plenamente consciente de lo que hacía. Tu sonrisa cambió y dio paso a una más picara, mientras te acercabas a mi y me envolvías nuevamente entre tus brazos, mientras acariciabas los míos con lentitud y tranquilidad. Suspiré extasiada y me di cuenta de algo, no conocía nada de ti, ni siquiera tu nombre. Había tratado de aliviar las penas de tu corazón sin conocerte y tú habías llegado a calmar mi mundo sin saberlo. Te acercaste a mi oído y tu respiración chocó con mi piel, haciéndome erizar cada uno de los vellos de mi cuerpo. Tu nombre, susurraste tu nombre como una suave caricia, sabiendo que eso era lo que me preguntaba internamente. Como si se tratase de un suspiro, te dije el mío. Nos sumimos nuevamente en silencio, había tanto que podíamos decirnos el uno al otro, pero preferimos callarnos. En ese momento, lo mejor era callar. Luego de horas, te separaste de mí, dejándome con esa sensación de vacio impregnada en mi pecho. Me miraste una ultima vez y sin siquiera despedirte, te giraste y te alejaste de mi. Te alejaste de mi vida y te llevaste mi paz. Porque eso eras tú. Eras mi paz. Me quedé unos minutos más en ese lugar, observando el lugar por donde te habías marchado, sin que yo pudiera detenerte, porque esa era la verdad. No sabía como obligarte a quedarte a mi lado, a estar conmigo en la oscuridad de la noche y en mi soledad. Con lentitud me puse de pie y me alejé del mar, me alejé de ese lugar y traté de olvidarte esa noche, pero tu recuerdo no me dejaba dormir. Y todavía no me deja dormir. No sé, pero no fui capaz de volver a ese lugar. Pero hoy me cansé de soñar contigo y de soñar con tu voz. Hoy me cansé de pensar en ti desde el amanecer hasta el momento en que mis ojos se cierran. Me cansé de querer verte de nuevo, aunque sea una sola vez, y escuchar tu voz otra vez, así fuera para que me dijeras una sola palabra, como aquella vez. Por eso regresé hoy a este lugar. Por eso vine, para convencerme a mi misma que aquí acabaría lo que comenzó en ese encuentro furtivo. Me senté en el mismo lugar y luego de mucho pensar, me acosté en la arena, cerrando mis ojos y dejándome llevar por la caricia del viento. Pero algo me sacó de mi ensoñación. Una caricia. Como aquella vez, me deje llevar por la caricia, deseando con todas mis fuerzas que fueras tú. Abrí mis ojos con temor y me encontré con tus ojos. Parpadeé un poco y me pellizqué el brazo para asegurarme que no desaparecería como mis fantasías, pero eras real. Estabas allí, conmigo. Escuché tu risa suave surgir de tus labios y me sentí feliz. Te tardaste en regresar. Me dijiste cuando dejaste de reír y sentí como mis miedos se disipaban. Prácticamente me lancé encima de ti y te abracé con todas mis fuerzas y con esas ganas reprimidas por el tiempo. No se como, pero tus labios encontraron los míos y nos fundimos en un beso sin presiones y sin palabras, pero tan real como el sentimiento que llenaba mi corazón. Nos separamos con lentitud y maldije mi necesidad de respirar, pero tu sonrisa me tranquilizo nuevamente. Ya estoy aquí, eso es lo que importa. Dije con suavidad, antes de depositar un suave beso en tus labios, sin llegar a profundizarlo y dejándote con ganas de más. Lo sé, y por eso no te dejaré ir más. ¿Dejarme ir? Si fui yo quien te dejó ir y sin siquiera intentar detenerte. Traté de hablar, pero tus labios me callaron. Te conozco desde hace años y te he amado desde entonces, pero vi confusión en tus ojos aquella vez en que me armé de valor y me acerqué a ti lo suficiente como para estar a tu lado, por lo que decidí dejarte marchar. Y si me llegabas a querer aunque fuera un poco, regresarías a este lugar. Regresarías a mi. Y en ese momento no te dejaría marchar nunca más. Pero era tu decisión. Eras tu quien debía permitirme quererte, ahora te pregunto, ¿tu me quieres a mi lo suficiente como para dejarme ganarme tu corazón?. Me dijiste al oído y yo no pude hacer nada más que suspirar embelesada. ¿Quererte? Yo no te quiero. Yo te amo. Sonreír ampliamente y me abalancé nuevamente sobre ti, besándote con pasión y con desenfreno, con desesperación y dulzura mezcladas. Al separarnos me miraste a los ojos algo desorientado y yo solo pude sonreír por ello. Yo no te quiero. Hace tiempo deje de hacerlo. Dije con suavidad, notando como tus ojos perdían brillo, me apresuré a terminar de hablar. Hace tiempo que esto dejó de ser un querer, para pasar a ser un amar. Dije con una sonrisa. Sonrisa que tú correspondiste. Nos besamos nuevamente, en la oscuridad y en el silencio. El mismo silencio que nos rodeo aquella vez. El mismo silencio que me había acompañado en la vida, que me había torturado y que ahora me reconfortaba. Y todo, por estar a tu lado.”